la Jura de Guisando

la Jura de Guisando
El tratado de los Toros de Guisando tuvo lugar en el Cerro de Guisando junto a los toros del mismo nombre el 18 de septiembre de 1468. En dicho tratado el rey de Castilla Enrique IV reconoció y proclamó a su hermanastra Isabel I de Castilla como Princesa de Asturias, proclamación que la sirvió para ser reconocida como heredera de la Corona de Castilla y León.

Pinturas iglesia

Pinturas iglesia
En el año 1947 se realizan las pinturas del Altar Mayor, pinturas que los de cierta edad hemos conocido, el pintor se llamaba Félix y cuentan....

jueves, 6 de octubre de 2016

San Martín de Valdeiglesias, el instituto y Don Antonio




LAS CLASES DE FRANCÉS DE DON ANTONIO, QUE ERA RUBIO Y LE GUSTABA MOUSTAKI

Puedes escuchar mientras lees.


Se llamaba Don Antonio, no recuerdo el apellido, seguro que alguien lo recordará al leerme (posiblemente Pedro Alfonso, que coincidió conmigo en el Colegio Libre Adoptado). Era profesor de Letras (Literatura, Historia, Filosofía, Francés…) en el mencionado Instituto de San Martín de Valdeiglesias, el único que existía en nuestra comarca. Cada día íbamos a clase los chicos-as de Cadalso, Cenicientos, Rozas, Santa María del Tiétar, Sotillo… en el desvencijado  autobús de Daniel (un día se averiaba de una cosa y al siguiente de otra también). Recuerdo que teníamos una gran camaradería; con muchos de aquellos compañeros de los pueblos de alrededor labré una buena amistad que aún hoy perdura (Guillermo Yuste, Santiago Lastras, Gonzalo Parro, Quique y Javi de Fco., Barahona, Berlanas, Cuellar, Guillermito, Jero, Alfredo, Vitorito, Carlos, Rubio…).



    
Hoy leyendo a Pedro G. Cuartango, recordaba éste a una chica que conoció en su época de estudiante -Julia- devota del cantautor Georges Moustaki, nacido en Egipto de padres griegos, que cantaba en francés canciones románticas y reivindicativas (Le Temps de Vivre, Ma Liberté, Le Métèqué, Ma Solitude…) y admirador de la gran Édith Piaf. Don Antonio en clase de francés nos hacía escuchar en un viejo tocadiscos a Moustaki. Ahora lo veo sobre el estrado, con su mesa y su silla situadas en diagonal, el encerado detrás, la puerta a su izquierda, los ventanales a su derecha… Él permanecía todo el tiempo de pie con su mano derecha apoyada sobre la mesa y traduciéndonos frases del argot francés o explicándonos sus giros y su delicada pronunciación. Era de estatura media, con porte intelectual y, a diferencia de su admirado cantante (que lucía poblada barba blanca y pelo canoso), él destacaba por su rubia cabellera y por su inconfundible flequillo peinado a la derecha. Poseía una voz seductora, muy radiofónica, ronca y bonita (parecida a la del cantante Patxi Andión). Siempre que escuchábamos aquel LP parecía ausentarse del aula con aura. Recibía como una brisa melancólica sobre su mente y se perdía –supongo- por los vericuetos de la imaginación. Pero seguía presente, porque sus explicaciones nos llegaban puntuales, doctas y amenas después de cada pieza. Y luego, cuando sonaba otra, él volvía a lo suyo entornando los ojos.


Admiraba a aquel hombre por su sapiencia y su entretenida manera de impartir las clases haciéndonoslas más llevaderas. A ello contribuía el hecho de que nos enseñaba las asignaturas que más me gustaban y, lógico, yo sacaba las mejores notas de aquel completo bachillerato de entonces. Salvando las distancias de la edad y la relación de profesor-alumno, me parece que en el fondo éramos amigos. Una tarde me sorprendió soltándome a bocajarro: -Te gusta algo que tiene poco futuro: la historia y la literatura. Con ese bagaje poco se consigue, únicamente sirve para dar clases, tener perspectiva  cultural y poco más. Lo que realmente importa son las ciencias, ésas son las que tienen mayor futuro y proyección, –sentenció-. Quedé pensativo y buscando una explicación a lo que me acababa de decir porque yo, en ciencias (como en casi todo): cero patatero. La respuesta la hallé muchos años después y ya no tenía remedio…
Un año se presentó en las Fiestas de Cadalso acompañado de unos compañeros-as del Instituto. Llegó hasta Las Casetas después de preguntar por mí en el pueblo. Recibí una grata sorpresa al verlos a todos, pero fundamentalmente a él. Y más cuando supe que había hablado de servidor muy bien a mis padres. Tomaron algo en casa y luego paseamos lentos por las calles festivas de Cadalso. Aquellas eran unas Fiestas tranquilas y silenciosas si las comparamos con las actuales; únicamente de la Plaza colgaban unas abigarradas cadenetas y unas bombillas extras de 100w. Eso sí, estaba llena de puestos de tostoneros con almendras garrapiñadas y martillos de caramelo y, también, de unos tenderetes con tebeos nuevos y libros viejos. Mi padre nos iba explicando cosas del pueblo y de los bailes de las Fiestas de su adolescencia que se celebraban en la Verbena Jolivú (cerca de La Fuente), mientras mi madre le agarraba la mano y sonreía mirándonos a los demás. ¿Dónde habrán ido a parar tantas dulzuras?


Durante las mañanas de aquellos cursos, al bajar Tórtolas en el microbús de Daniel, oíamos indefectiblemente en la radio, entre interferencias, canciones como Alguien Cantó, de Matt Monro o Tema de Amor, de Barry White. Enseguida nos encontrábamos a mi padre trabajando encorvado adecentando las cunetas de la carretera. Al vernos pasar se incorporaba y nos saludaba con la mano y Perico me gritaba eufórico: -¡Mira, chaval, tu padre! Yo miraba pero no decía nada, sólo pensaba que trabajaba de sol a sol para darnos a mis hermanos y a mí una humilde formación. Nuestros padres nunca paraban de trabajar para así poder ofrecernos la educación que ellos nunca poseyeron. Nos decían que no querían vernos con los pies enterrados como ellos los tenían siempre. Por eso, hoy quiero aprovechar estas evocaciones para mandarles a todos mi recuerdo y mi admiración allá donde estén (o no estén), aunque ahora donde nunca dejan de estar es en nuestros corazones.
Hace muchas primaveras me encontré con Don Antonio en la explanada de Las Ventas. Nos reconocimos como si hubiéramos recibido al unísono una descarga fortuita de nostalgia. Nos abrazamos y cariñosamente me separó manteniéndome cogido por los hombros. Fue entonces que nos miramos fijamente y comprobamos que nuestros ojos estaban empapados con la típica agüilla de la emoción. Tenía el cabello entrecano peinado hacia atrás, arrugas poseía las justas, sus sienes aparecían escarchadas y la voz, ¡ah la voz…! Esa voz seguía conservando el esplendor de antaño, de cuando me dijo que la historia tenía poco futuro. Y encima ahora la tergiversan…


Un día al salir de clase de francés, unos alumnos nos dirigíamos en su compañía al comedor. Alguien le preguntó por su admiración hacia Georges Moustaki. Enigmático, zanjó: -Georges, es la ternura de la poesía. Moustaki murió en 2013, en Niza, se le derritieron los músculos por la emoción que le provocaban sus composiciones. De Don Antonio no volví a saber nada. Quizá siga con su aspecto melancólico susurrándole a cada mañana recién lavada las canciones y las poesías de entonces. Y es que la poesía -recitaba Gabriel Celaya- es un arma cargada de ternura y de futuro. Como él soñaba.

Miguel MORENO GONZÁLEZ  



Nota: Se llamaba Don Antonio López, era un tipo adelantado a su época, flequillo largo que se movía al paso de su acelerado caminar,  ojos expresivos y muy abiertos, buen orador y excelente profesor que sabía combinar las clases con textos de historia y francés con música. Recuerdo que al principio nos reíamos cuando comenzaba la canción, era algo novedoso que tal vez no entendíamos, pero con el paso de los días nos fue gustando y entrando, y lo mejor es que aprendimos a escuchar en francés y en muchos casos, como puede ser el mío, a gustar y disfrutar de las letras y música de Georges Moustaki, cosa que hoy en día, 43 años más tarde, sigo sintiendo, recordando y escuchando.
Gracias Miguel por despertar con tu articulito estos viejos recuerdos de San Martín, que no dejan de ser una pequeña gran historia de mi vida, de nuestra vida, en el instituto junto a todas y todos los compañeros que siguen cariñosamente estando en mi memoria.

Un abrazo a todos los que formáis parte de mis recuerdos en San Martín desde aquellos años de instituto enre 1968-1974

Pedro Alfonso "Zorro Corredero"


9 comentarios:

Anónimo dijo...

¡¡¡Cada día escribes mejor, Miguel!!!, además, me encantan estas historias tan cercanas, tan entrañables, tan de verdad, y con tantos recuerdos y sentimientos "escondidos" entre sus líneas. Enhorabuena!!!.

Baltasar Villarin Conde

Anónimo dijo...


Menudo duo el que haceis Miguel-Pedro, precioso y eso que yo no estuve en San Martín

Mariano

Miguel Moreno González dijo...

Ya sabía yo que tú, Pedro Alfonso Gerónimo, "El Zorro Corredero", ibas a recordar y explicar perfectamente lo que yo no alcanzaba a hacer. ¡Gracias, chaval!
Os estoy muy agradecido, Balta, Mariano..., en lo que me toca. Gracias a gente como vosotros uno alimenta el deseo de comunicarse mediante las letras. Resulta -a veces- mucho más fácil que con las palabras. Suele acontecer que los viajes con destino al corazón se hacen más cómodos sobre la letra que sobre la palabra.
Un abrazo a quienes dedican su tiempo a leer y son comprensivos y respetuosos con las carencias de los demás.

Saturnino Caraballo Díaz dijo...

LA ESCUELA DE ENTONCES

Recreos de la infancia, entre los juegos y escuela,
de idílicos momentos,
de vuelta a casa en aquella mágica Plazuela,
crisol de Cenicientos.

La escuela era vista como el interior de un templo,
con su ara del saber,
donde el más listo de la clase nos daba ejemplo
de estudio en el deber.

Nada que ver aquella, con la escuela de ahora,
de temibles maestros,
temerosos siempre del clarear de la aurora
y llamados cabestros.

De cuatro en fondo nos formaban, prietas las filas,
izando la bandera,
y al Himno del Cara al Sol, callaban las esquilas
de mula y vertedera.

"La letra con sangre entra", eran consignas y lemas
que inyectaban a palos,
y huíamos como los potrillos de las quemas
los buenos y los malos.

Contumaces tildaban, llamándonos zoquetes,
envueltos en su niebla,
y oportunos a veces, poníamos en bretes
siendo ellos la tiniebla.

Recitábamos la tabla de multiplicar
con átono talante,
fue bueno, después la hemos tenido que aplicar
continua a cada instante.

Aprendimos algo modélico...Urbanidad
de educandos muy bien,
y en nuestro pueblo sirvió y nos sirvió en la ciudad
a saber quien es quien.

Supimos de religión y de historia sagrada
que igual nos ha servido,
y así situábamos en el mapa aproximada,
todo hecho acaecido.

De forma que al contemplar los lienzos del museo
sabemos de Holofernes,
las ciudades bíblicas, y el nefando deseo
cual pintores en ciernes.

Luego después cada uno sustenta sus creencias,
o esencias personales,
y en su ir y venir, el cuantificar de sus ciencias
o ganancia y caudales.

Y sin ser rehenes del síndrome de Estocolmo
o burdos masoquistas,
comentamos:"compañeros,es o no es el colmo
o somos alquimistas.

Pues con un gran esfuerzo, permanente de todos,
a aquella España rala,
postrada entre la sangre salpicada de lodos,
la elevamos de escala.

Saturnino Caraballo Díaz
El Poeta Corucho

rafael dijo...

Ah, Miguel, sabio en el arte de sentir y de evocar.. Nada más fecundo y rico en nuestro pasado que aquellos que supieron sembrar en nosotros, pequeños y desorientados alevines de hombre, la curiosidad por conocer todas las cosas y misterios del mundo. Fueron pilares de nuestra personalidad, qué duda cabe.. Muy sentido -y a lo que se deja entrever, merecido- homenaje, como siempre. Un abrazo.

Saturnino Caraballo Díaz dijo...

EL CHURRERO
(Al abuelo del Dr.de historia
D. David Ramírez)

Con hielo matinal y bajo el brazo la cesta,
su pregón habitual con nitidez nos llegaba,
y era su tonante voz la que nos levantaba
contagio del pregón sin rebelión ni protesta.

Olor de los churros al desperezo se presta
de la cálida cama que el bostezo albergaba,
por la voz imperiosa que al deber nos llamaba
de acudir a la clase de la suma y la resta.

Arrollados los juncos balanceo del aire,
al churrero le daban gran prestancia y donaire,
y atado a la cintura ciñe un blanco mandil,

que a Cenicientos corría en paseo incansable
con sus churros calentitos despachando afable
los otoños e inviernos hasta llegado abril.

Saturnino Caraballo Díaz
El Poeta Corucho

Saturnino Caraballo Díaz dijo...

PALABRAS A LOS HIJOS

"Si puedes llenar el preciso minuto
Con sesenta segundos de un esfuerzo supremo,
Tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella
Y lo que es más, serás un Hombre hijo mío".
Rudyard Kipling

Por mucho que tus padres te queramos
y nuestro amor no sepa de fronteras,
angostas te opondrán las escaleras
que nosotros por ti ya no escalamos.

Ni somos infalibles ni abarcamos
del mundo evolución y sus barreras,
ni tampoco invadir en tus esferas
a pesar de lo mucho que te amamos.

Tú,has de forjar, tu senda y tu camino
con tu ayer, tu hoy y el futuro es mañana,
sin dejar transcurrir tu vida en vano

siendo diáspora en manos del destino,
del que contempla absorto en la ventana
el contorno vacío de su mano.

Saturnino Caraballo Díaz
El Poeta Corucho

Saturnino Caraballo Díaz dijo...

HIJOS MÍOS:

Ni vuestra madre ni yo recordamos,
con tantos años y que han transcurrido,
en nuestro hogar polluelos en el nido
ser fuente de disgustos que omitamos.

Siempre vuestras virtudes alabamos
y muestras de la escuela recibido,
del estudio que brilla esclarecido
de escolares que todo lo aprobamos.

Y ahora ya volando independientes
y ejerciendo brillantes profesiones,
sois Caraballo Asensio precursores.

Que hacen de padres máximos docentes
cuando intermedian las asociaciones
primando plenamente los valores.

Saturnino Caraballo Díaz
El Poeta Corucho

Anónimo dijo...

Cuando un mensaje llega a emocionar y hacer llorar es porque es muy bueno.
Santiago