MUSEO DE MONTAÑA ZORRO CORREDERO

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miércoles, 17 de julio de 2013

"Se vende". Refexión de un cadalseño de Madrid


...Los preparativos, una semana antes de que comenzaran las vacaciones de verano, recordaba eran intensos. Toda la familia recorría en uno y otro sentido aquel pasillo largo, oscuro, en el cual no desembocaba ninguna habitación. Era como el cordón umbilical de la casa; cuya única misión consistía en conectar el hall, la cocina, y el salón comedor. Rememoraba con nitidez el trasiego de bártulos de un lado para otro. Las maletas de tela a cuadros, ya con los cierres desvencijados por el uso, y a las que había que aplicar experimentados lazos de bramante, para que llegara incólume su contenido. Corría mediada la década de los 60, y una pátina negra y gris nublaba sus recuerdos. En esa España donde aún “el vítor” inundaba calles y fachadas, donde las zonas verdes eran sombríos parques, en los que los bancos desvencijados solo eran habitados por ancianos aciagos y adolescentes “novilleros” Ese Solar Patrio de los planes de desarrollo que nunca llegaban a los barrios. Una Grande y Libre, con el yugo de la servidumbre, y las flechas como aguijones que solo Karina sabría interpretar de aquella manera...


Calle Real ( Cadalso de los Vidrios )


Jaime se afanaba en un rincón de su habitación en seleccionar los objetos imprescindibles para tan largas vacaciones. El tubo de respirar, las aletas, y las gafas; básicos para cualquier submarinista que se precie, no podían faltar en su equipaje. Sabía que era un pueblo del interior, y que sus inmersiones se iban a limitar a las pequeñas zambullidas en la recién estrenada piscina –por donde no cubre- pero era consciente del gran poder de seducción (al menos los primeros días) que tenía su atuendo entre los mozalbetes de la villa. Esos muchachos fornidos, con el pelo rapado casi al cero, de ceño casi siempre fruncido, y que al atardecer se apostaban en la lancha “esbarosa” para apedrear el coche de línea al grito de: -¡Que vienen los forasteros!- La verdad es que al principio costaba trabajo entablar relaciones con ellos. Era un grupo copioso, homogéneo, con unas normas estrictas de camaradería que nadie se saltaba a la torera. Deambulaban en grupo, con el tirachinas en el bolsillo trasero de su pantalón corto, con sus piernas; curtidas en mil batallas, llenas de moretones, los cuales eran  signos de identidad y valentía ante las pandillas rivales (los de arriba y los de abajo) “El oso,” “rompelápidas,” “cabezabuque,” eran algunos nombres que ahora le rondaban por la cabeza. Férreos portavoces: líderes de la pandilla, crueles a la hora de achicharrar vivo un lagarto, pero magnánimos cuando el enemigo era vencido, y rogaba clemencia y cuartel para los suyos. Existía un código de conducta no escrito, que todos respetaban al dedillo sin la menor duda. El “forastero” era para ellos un ser extraño, al menos al principio. Un niño bien peinado, con olor a colonia y calcetines a rombos. Calzado casi siempre con fuertes zapatos “gorila” y al que no le gustaba nada ensuciarse. Remilgoso a la hora de atravesar charcos. Cobarde cuando había que sostener hasta el último momento de la mecha ese petardo de dimensiones desorbitadas, que cuando explotaba dejaba a Jaime varios minutos en un estado de semi-incosciencia, donde veía las caras de aprobación, pero sin oír nada, como si fuera el protagonista de esas películas mudas, que los sábados en la noche echaban en la Plazolilla: cine al aire libre, donde cada uno debía llevar su silla. Aún se accionaba en su memoria, aquella pequeña silla de anea; compañera de aquellas tardes-noche de verano cuando el celuloide era el auténtico protagonista, y la sábana blanca, inmaculada, que pendía hasta el suelo sujeta entre los dos balcones de “la Pura” hacía a todos los muchachos mirarla insistentemente con el consabido griterío del “que empiece ya que el público se va...”


 Plazolilla ( Cadalso de los Vidrios )

Dormía en la planta baja de la casa. En una habitación de una sola cama, que comunicaba por un lado con la de sus padres, y por el fondo con el temido “cuarto oscuro” Una cerradura con llave centenaria lo custodiaba. Jaime estaba casi seguro de que abriría la puerta a otra dimensión. Ni sus amigos más valientes se atrevían a franquear aquel paso. No tenía luz, y se colaba por debajo de la puerta un olor a aceite de oliva y a humedad.  La espaciosa cocina, limítrofe al “cuarto oscuro” estaba custodiada por un sillón de espadaña junto a la chimenea, ahora sin lumbre, y recubierta con plásticos y papel de periódico ABC; allí se sentaba su abuela: “La tía Virgilia” siempre mirando al pequeño ventanuco que daba al portal, y que servía para vislumbrar al que entraba al hogar. Ahora entendía aquella mirada fija, quieta, impenetrable de su abuela. Era como si más allá de la ventana, encontrara recuerdos no vividos, retazos de mundos desconocidos que solo había adivinado a través de las cartas, que durante años habían ido llegando junto con fotos color sepia, dónde apenas se vislumbraban bien los rostros de los protagonistas... Un jardín, un mango leñoso de gran tamaño, un carro de paseo, y unos cuantos semblantes apenas reconocibles. Por esos territorios deambulaba la abuelilla, mientras Jaime y sus amigos, huérfanos de escuela, con 3 meses por delante para el juego, correteaban hacia el corral y ponían a prueba la logística bélica, preparando la “cantea” que se avecinaba en la tarde.
Ahora era Jaime el que se adentraba en esos recuerdos tan nítidos de su niñez, mientras habitaba a más de 8.000 kilómetros de distancia. Y entendía a la perfección la pena y la nostalgia de su amigo al pasar accidentalmente por la puerta de su casa y ver el rótulo de “Se Vende” Era como si aquellas tardes de mediados de junio, hubieran quedado ancladas en la memoria. Como si aún, el coche de línea estuviera esperándolo en la calle “humilladero” con la baca cargada de grandes maletas, y donde solo faltaba la suya.
2 de Mayo de 2013  

Pablo Crespo

Fotos: Archivo Fotográfico Pedro Alfonso

jueves, 11 de julio de 2013

Cadalso, los cadalseños, y nuestra forma de ser


"La soledad, la palabra, la amistad, el recuerdo, la interioridad, nos sirven para encontrar la paz, pero también pueden herirnos, todo depende de aquellos que nos rodean".


Reflexiones en blanco y negro nace con la ilusión y la complacencia de que sirva a muchos, no pretendo que sea a todos, ya sabéis que aquí entra en juego esas virtud tan nuestra de la envidia, que no es otra cosa que la tristeza airada o disgusto por el bien ajeno o por el cariño o estimación de que otros disfrutan.
Dicho y aclarado esto, quiero desde aquí invitar a todos los cadalseños-as y a los seguidores de este blog a que si lo desean, participen en estas reflexiones en blanco y negro, no sólo con sus mensajes, si no también con la publicación de sus escritos en este apartado del Zorro Corredero.
No hace falta ser ningún lumbreras para escribir, yo mismo lo hago y no soy casi nada, no hace falta llegar a todos, con que sólo uno se sienta feliz leyendo el post ya está cumplida la labor. Así que animaros y enviadme vuestras reflexiones, que no tienen porque ser sólo de Cadalso y su situación, es evidente que valen todos los lugares y las situaciones.

     La soledad

Esta primera reflexión la voy a hacer yo, esto no quiere decir que tenga la razón, ni que mi comentario sea cierto, es sencillamente mi forma de ver las cosas, de sentirlas y de expresarlas.
La he querido titular “Cadalso, los cadalseños, y nuestra forma de ser”, porque si hay un pueblo con un carácter tan propio y unos sentimientos tan grandes, ese es el nuestro.


                  La palabra 

Todos sabemos del carácter del cadalseño, ya lo dice el refrán y los refranes nunca fallan, “En Cadalso en cada casa un falso”. Cierto es y en no pocas ocasiones lo hemos podido comprobar en nuestras propias carmes, donde situaciones y momentos han hecho que alguna de nuestras personas queridas nos haya fallado, sin querer y a veces queriendo querer, pero también es cierto que cuando se necesita la ayuda y el cercano apoyo de los cadalseños, siempre están hay. No entiendo ese sentimiento de rencor y envidia en grupo de las personas y como pueden estos cambiar cuando se encuentran de forma individual.
El cadalseño siempre reacciona positivamente “in situ”, siente el problema, se preocupa e intenta poner todo de su parte para ayudar, pero cuando todo ha pasado, cuando el sosiego del momento le invade, es cuando comienza a criticar, a ver las cosas de otra manera y a pensar mal o medio mal del vecino o el amigo. Esta reacción es innata de los personajes del Cadalso de ayer y de hoy, es incomprensible que si delante de la otra persona piensa de una manera, en cuanto se da la vuelta su pensamiento ya es otro.


    La amistad
  
La pregunta  a estas alturas de la vida, cuando ya todos somos iguales, cuando nadie parece necesitar a nadie, es la siguiente: Por qué no evolucionamos en esto? Es difícil contestar a esta pregunta, todo el mundo y más los que nos visitan, saben de nuestra tolerancia, esa que Antonio Fraguas “Forges” redactó perfectamente con esta frase: Día llegará en que los catedráticos de Sociología de todo el orbe acudirán a CADALSO para estudiar “in situ” el ejemplo de nuestro acoger, de nuestra convivencia y de nuestra forma de saber estar en el mundo.
Pero si todo esto es cierto, que lo es, también es cierto ese resquemor que nos causa esta o aquella cosa, este a aquel individuo, tanto que en ocasiones se llega a pensar cosas que ni han ocurrido ni van a ocurrir. Intentar formar algún grupo sobre cualquier tema o afición es altamente complicado ya que en lo primero que pensamos es en aquello de que se estarán aprovechado, si lo hacen es por algo, y en cuanto hay cien euros los convertimos en miles y en el pensamiento de que se lo están llevando. Curioso pero maquiavélicamente cierto.

    El recuerdo

Otra sensación que se percibe en el cadalseño, es su falta de unión para defender algo, todos sabemos cuando una cosa está mal, pero pocos somos los que se mojamos por conseguir que funcione. Aquí entran los famosos y destructivos sentimientos políticos, esos que no te dejan ver la realidad según la culpa o la estrategia proceda de tu partido  favorito o no. Flaco favor se le hace a Cadalso callando o protestando y a veces aplaudiendo no por el bien de nuestro pueblo si no por el bien de nuestro partido. Las cosas están bien o mal según le proporcione un bien general o no al pueblo, lo demás es creer o dejarse llevar por la política, cosa esta que sirve más para desunir que unir.

    La interioridad

Esta es mi opinión y así lo estoy exponiendo, aquí estamos todos incluidos y aquí no se salva nadie. Cada uno que saque sus propias conclusiones, y si le apetece que exponga sus ideas pero siempre sin insultos y sin menosprecios, porque en Cadalso todos debemos ser iguales por encima de todo.

Zorro Corredero
Fotos: Archivo Fotográfico Pedro Alfonso


Mensajes:

Antonia Frontelo Morales Buenas personas y en cuanto al rrelato me ha gustado mucho

Ana Diaz  A uno le conozco de verme en ceni el alto

Manuel Jiménez Mazuecos Soy él polilla; estuve destinado de Guardia Civil en Cadalso del año 84 al 86, y sigo teniendo esa amistad y grandes amigos en Cadalso. Un abrazo desde Granada.

Rocio Redondo   Muy bonito reportaje

Javier Muñoz Que guapos Pope y Balta

JGabriel Storch de Gracia Coño, el Pope y el Baltita


Maria Rosario Caballero Lopez Que razón llevas pedro, como siempre que fácil es ver la paja en el ojo ajeno....
Y aquí nadie nos salvamos, pero donde dejamos lo que supone ser demócratas, y vive, pero deja vivir, y si uno del color que sea lo hace mar, en una combibencia unida , es de honor decir lo que se siente, sin que nadie se ofenda, eso es arrimar en hombro, y hacer ver la realidad, aunque duela, y no por detrás, !!!que eso si que duele!!Y más si a esas personas las quieres, bueno Pedro, tendremos mucho que cambiar, para bien nuestro, y nuestra convivencia, y no decir, como a mi no me toca!!!hay pero y si te toca!!!por que como yo digo muchas veces, hoy estamos arriba, y mañana.....Por eso como una buena familia intentar comprender y convivir, un abrazo,




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