MUSEO DE MONTAÑA ZORRO CORREDERO

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Mulhacén

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Mulhacén.
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lunes, 10 de diciembre de 2018

Navidad en Ávila



La Navidad en Ávila




Pasear por la ciudad de Ávila siempre tiene un encanto especial. Da igual el lugar que elijas para tu paseo, dentro de la muralla o fuera, porque si algo tiene Ávila es la tranquilidad y el encanto de una ciudad agradable donde cada rincón te transportará a otras épocas pasadas. Monumentos, plazas, palacios, iglesias, basílicas, conventos, restos arqueológicos y por supuesto la Catedral y la muralla que rodea toda la ciudad. Y para terminar acércate hasta los Cuatro Postes para disfrutar de una, tal vez la mejor, de las vistas que Ávila te regala. Hoy es la noche y la Navidad la protagonista del paseo, otro día será la catedral, la muralla de día o cualquier lugar donde la Santa Teresa habitó, todo es esplendor en la ciudad de Ávila. Otra cosa, no olvides probar alguno de los dulces típicos, a mi me gustan las floretas, y por supuesto las famosísimas yemas de Santa Teresa


    Puerta del Alcázar


    Plaza Santa Teresa y puerta del Alcázar 

                Inauguración del alumbrado navideño

    Puerta del Alcázar 

    Plaza del Mercado Chico 

                         Calle Reyes Católicos 

    Murallas calle  San Segundo

    Belén Plaza de Santa Teresa con la iglesia de San Pedro

    Muralla y puerta del Alcázar 


    Plaza de Santa Teresa

    Basílica de San Vicente 

    Dulces de Ávila

Zorro Corredero
Fotos: Archivo Fotográfico Pedro Alfonso

martes, 6 de noviembre de 2018

Roma de noche, magia y romanticismo


Roma de noche, magia y romanticismo


La ciudad de Roma es todo un libro abierto de historia y arte, un paseo a cualquier hora nos proporcionará un inmenso placer,  pero también al caer la noche es impactante para ver y disfrutar de todo lo que la ciudad con sus luces y sus sombras nos regala. Los monumentos adquieren un aspecto diferente, todo es mucho más íntimo y romántico, brillando  con otro atractivo e incluso con la magia que desprenden sus calles, plazas y monumentos. No lo dudes, en tu visita a Roma, disfruta de la noche y pasea a esas horas brujas que llenan Roma de belleza y romanticismo.



    Monumento Víctor Manuel II. Plaza Venecia

    Castillo de San Angelo

    Palacio de Venecia

    Mercado de Trajano

    Iglesia del Santísimo Nombre de María y Columna de Trajano. 

    Arco de Constantino

    Coliseo

    Coliseo


Zorro Corredero
Fotos: Archivo Fotográfico Pedro Alfonso

sábado, 2 de septiembre de 2017

Roma de noche ( 1ª Parte )



Roma, de noche y sin prisa, placer nocturno




Roma es una ciudad que tiene de todo, que se transforma a cada paso, en cada joya arquitectónica, en cada espacio, y que al llegar la noche vive enérgicamente mostrando sus galas más bellas. Da igual por donde camines, todo está llena de arte y más cuando el sosiego de la oscuridad latente te atrapa en cada rincón, por que si algo tiene Roma, son rincones. Hoy he ejercitado mi mirada, me he dejado llevar, he insistido en ver lo que ante mi iba apareciendo, he perdido unos segundos aquí y allá para plasmar lo que mi ojos veían, esto es muy hermoso, aquello mucho más, pero acaso existe algo en esta ciudad que no sea hermoso? Esta noche me siento como un humilde caminante que rueda hacia no sabe donde, que abandona su mirada y contempla ensimismado en sus pensamientos lo que a cada paso acontece. Lugares de noche de paseo que han quedado reflejados para siempre, pero queda todavía tanto que otra día seguiré intensamente viviendo la noche de Roma. Continuará.........


  







 




Zorro Corredero
Fotos: Archivo Fotográfico Pedro Alfonso

jueves, 2 de julio de 2015

El Estanque de Palacio de noche



Sentarse en uno de los asientos del Estanque de Palacio es sencillamente sentir y vivir tu propia historia.



La calle Calvario duerme en la historia de la villa de Cadalso, hoy calle y camino en el pasado, siempre fue la guardiana del Estanque, de sus leyendas, de sus penas y sus glorias y desde hace años del olvido.
Uno de los lugares que da singularidad a nuestro pueblo es la arquitectura de este tradicional y emblemático monumento. Curioso y a la vez desolador ver como en esta época donde todos quieren tener y ser, un espacio lleno de cultura, de leyendas, de historias, de pasado esplendoroso, se duerme cada día en Cadalso atrapado no sólo por la noche, mucho más por la indiferencia.


Las casas que rodean el Estanque de Palacio son sencillas, barriadas humildes que siempre han tenido la suerte de ser observadas por este inmenso y maravilloso lugar cargado de arte, sus habitantes han dormido a la luz y las sombras de las piedras centenarias que reposan en los orígenes de su nacimiento, en la decadencia de sus siglos, en la incertidumbre de no saber su futuro.


Al anochecer, el Estanque adquiere formas de gran belleza, apariencias omnipresentes de los muros que lo forman, imágenes que se repiten desde hace siglos, que te dejan sensaciones de otros tiempos, de otras gentes. La singularidad del lugar la venimos compartiendo desde hace tanto tiempo que no nos damos cuenta de lo que tenemos ni de lo que significa para Cadalso y los cadalseños-as. Ahí está pidiendo ser amado, respetado y se nos ofrece cada día y cada noche a nuestro placer, a nuestro sosiego, lástima que nosotros le ofrezcamos tan poco, tan de nada. 


A poniente la silueta de Lancharrasa, lugar de origen de la fuente Techada, o si lo queréis más cadalseño, Techá, manantial  que brota a más de 1000 metros de altitud y que en su tiempo alimentaba con sus ricas y frescas aguas esta obra arquitectónica única en muchos kilómetros a la redonda. A oriente la altiva Peña Muñana refleja en la noche primaveral la silueta de sus cumbres y compone una de las más hermosas imágenes de Cadalso. 




Sentado en una de las hornacinas, dejo pasar el tiempo, me dejo acariciar por el suave viento, me cargo de recuerdos y siento que la noche me va aprisionando poco a poco, es un estado de quietud el que me invade que me dejo llevar por el espacio, entonces los minutos  pasan sin que note que estoy solo y la inacción se apodera de mi y del Estanque, somos dos estados diferentes, uno en forma de territorio, de pueblo y otro en forma de condición, de aspecto, pero los dos en estado de contemplación y placer.



Aquí está desde hace siglos, solicitando amor y querencia, pero nosotros le olvidamos, él se deja querer y nosotros le despreciamos, él nos da clase y categoría artística pero nosotros nos comportamos como auténticos analfabetos de la cultura. A medida que pasan los años, unos vienen y otros se van, es ley de vida dicen, sin embargo la ley de vida del Estanque está siempre activa, somos nosotros los que nos toca vivir en cada época junto a él los que debemos darle lo que necesita, es decir, vida para siempre.



Hasta cuando el viento ruge y la nieve y la lluvia arrecia en el entorno, la excelencia del Estanque sobresale con todo su esplendor, es la sencilla magia de un atractivo lugar, es la obra de arte olvidada que se resiste a desaparecer, es la última alusión a la arquitectura de Cadalso que todavía nos queda en pie, y prefiero no poner ejemplos, es y a veces lo pienso, tener algo que como individuos no nos merecemos.
Pensad como estaría el Estanque y su entorno si lo tuvieran otros pueblos, tampoco quiero poner ejemplos, pero sería como mínimo más mimado que aquí y también hubiera sido más querido, porque aquí fue y dejó de serlo por culpa de la ignorancia, a veces oculta tras la política, estado que nos privó de una gran obra que brillaba con luz propia, y también artificial, en la noche de Cadalso.




 Pero no fue sólo esto que acabo de decir lo que perdimos, también con el paso del tiempo volaron otras cosas que embellecían y daban categoría a una de nuestras más grandes obras de arte heredadas, porque esta si es nuestra, aunque esté cerca de la otra.
Que la vida depare un futuro mejor al Estanque de Palacio, y que nuestros ojos tengan la gran suerte de ver algún día este encantado lugar restaurado y cuidado, pero son tantos los años y las desilusiones que uno ya no sabe que pensar, o mejor dicho, no quiero ya ni pensar. 



Zorro Corredero
Fotos: Archivo Fotográfico Pedro Alfonso

lunes, 23 de junio de 2014

Atardecer en Costa Ballena. Rota ( Cádiz )


                                               Luces del océano 





Era una tarde de verano, de esas que el calor asfixia y necesitas moverte de vez en cuando para tomar algo frío que te refresque. Hacía tiempo que la playa había quedado desierta, que las gentes se habían marchado a sus lugares de residencia y que la noche parecía inminente. El océano estaba tranquilo, mientras en el horizonte el sol sucumbía tras un largo día estival, las gaviotas jugaban y realizaban vuelos suicidas para aterrizar en la arena de una playa ahora silenciosa






Hacia tiempo que había llegado al hotel, miré por la amplia terraza que me deparaba diariamente espectaculares atardeceres y grandiosos amaneceres, el sol cada vez más bajo no tardaría mucho en ocultarse, y así sin pensarlo, cogí la cámara y me lancé a la arena del Atlántico para plasmar lo que allí estaba ocurriendo. Los atardeceres nunca son iguales, cada día es diferente, cada momento viene cargado de distintos colores que le dan al paisaje una amalgama de tonalidades irrepetibles, hoy me parece haber notado algo espectacular en ese sol que muere y en esas palmeras que parecen sombras entre el cielo y el agua, en esa vegetación que filtra los últimos rayos de sol, en esas aguas que el sol, las luces y el momento han teñido de color.





Con frecuencia las luces juegan con las palmeras y la vegetación que divide el océano de la tierra, del paseo donde las gentes han sabido modificar para su propio beneficio el paisaje y la forma primitiva del lugar. No sabía la hora, tampoco me importaba mucho, sólo llegar antes de la puesta del sol era mi objetivo. Del mar manaba un olor que me hacía flotar, como si el agua me rodeara y el suelo quedara sumergido a mis pies, bajo la bonanza de la ahora fresca atmósfera. 





Esta visión de mar, agua, cielo y tierra me tenían ensimismado cuando abandoné el camino empedrado que llevaba a la playa y tomé la senda que desde aquí arrancaba para morir en el agua, en ese lugar donde nace el océano y que siempre nos hace detenernos, mirar y suspirar inquietos, no sólo por el escalofrío que nos provoca la humedad, también por la grandiosidad de la masa en movimiento que nuestros sentidos a través de la imagen, del ruido y del olor a mar perciben.





Pasó el tiempo, los segundos dieron paso a los minutos y la tarde se me fue entre algodones camino de otros mundos y otros habitantes. En el ambiente seguía flotando el aroma del océano, pero los colores ya casi habían desaparecido y la noche comenzaba a caer sobre este espació del Atlántico. Cuando tomé conciencia del tiempo decidí regresar y volver a la vida fácil, al calor del hogar y de mi gente, al lugar que nos da confianza y seguridad, al sitio desde el cual veíamos el océano como algo lejano, sin peligro y lleno siempre de misterio. Mañana regresaríamos a la playa, a sentir la arena en nuestros pies, a jugar con el agua salada, a sentirnos vivos y a disfrutar del océano calmado y atrayente. 





Las fotos son sólo momentos vividos que quedan plasmados para siempre, son espacios de tiempo de hemos hecho nuestros y que siempre nos acompañaran a lo largo de nuestra vida, consiguiendo hacernos revivir ocasiones e instantes que un día nos proporcionaron felicidad.







 Zorro Corredero
 Fotos: Archivo Fotográfico Pedro Alfonso
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