Sentarse en uno de los asientos del Estanque de Palacio es sencillamente sentir y vivir tu propia historia.
La calle Calvario duerme en la historia de la villa de Cadalso, hoy calle y camino en el pasado, siempre fue la guardiana del Estanque, de sus leyendas, de sus penas y sus glorias y desde hace años del olvido.
Uno de los lugares que da singularidad a nuestro pueblo es la arquitectura de este tradicional y emblemático monumento. Curioso y a la vez desolador ver como en esta época donde todos quieren tener y ser, un espacio lleno de cultura, de leyendas, de historias, de pasado esplendoroso, se duerme cada día en Cadalso atrapado no sólo por la noche, mucho más por la indiferencia.
Las casas que rodean el Estanque de Palacio son sencillas, barriadas humildes que siempre han tenido la suerte de ser observadas por este inmenso y maravilloso lugar cargado de arte, sus habitantes han dormido a la luz y las sombras de las piedras centenarias que reposan en los orígenes de su nacimiento, en la decadencia de sus siglos, en la incertidumbre de no saber su futuro.
Al anochecer, el Estanque adquiere formas de gran belleza, apariencias omnipresentes de los muros que lo forman, imágenes que se repiten desde hace siglos, que te dejan sensaciones de otros tiempos, de otras gentes. La singularidad del lugar la venimos compartiendo desde hace tanto tiempo que no nos damos cuenta de lo que tenemos ni de lo que significa para Cadalso y los cadalseños-as. Ahí está pidiendo ser amado, respetado y se nos ofrece cada día y cada noche a nuestro placer, a nuestro sosiego, lástima que nosotros le ofrezcamos tan poco, tan de nada.
A poniente la silueta de Lancharrasa, lugar de origen de la fuente Techada, o si lo queréis más cadalseño, Techá, manantial que brota a más de 1000 metros de altitud y que en su tiempo alimentaba con sus ricas y frescas aguas esta obra arquitectónica única en muchos kilómetros a la redonda. A oriente la altiva Peña Muñana refleja en la noche primaveral la silueta de sus cumbres y compone una de las más hermosas imágenes de Cadalso.
Sentado en una de las hornacinas, dejo pasar el tiempo, me dejo acariciar por el suave viento, me cargo de recuerdos y siento que la noche me va aprisionando poco a poco, es un estado de quietud el que me invade que me dejo llevar por el espacio, entonces los minutos pasan sin que note que estoy solo y la inacción se apodera de mi y del Estanque, somos dos estados diferentes, uno en forma de territorio, de pueblo y otro en forma de condición, de aspecto, pero los dos en estado de contemplación y placer.


Aquí está desde hace siglos, solicitando amor y querencia, pero nosotros le olvidamos, él se deja querer y nosotros le despreciamos, él nos da clase y categoría artística pero nosotros nos comportamos como auténticos analfabetos de la cultura. A medida que pasan los años, unos vienen y otros se van, es ley de vida dicen, sin embargo la ley de vida del Estanque está siempre activa, somos nosotros los que nos toca vivir en cada época junto a él los que debemos darle lo que necesita, es decir, vida para siempre.
Hasta cuando el viento ruge y la nieve y la lluvia arrecia en el entorno, la excelencia del Estanque sobresale con todo su esplendor, es la sencilla magia de un atractivo lugar, es la obra de arte olvidada que se resiste a desaparecer, es la última alusión a la arquitectura de Cadalso que todavía nos queda en pie, y prefiero no poner ejemplos, es y a veces lo pienso, tener algo que como individuos no nos merecemos.
Pensad como estaría el Estanque y su entorno si lo tuvieran otros pueblos, tampoco quiero poner ejemplos, pero sería como mínimo más mimado que aquí y también hubiera sido más querido, porque aquí fue y dejó de serlo por culpa de la ignorancia, a veces oculta tras la política, estado que nos privó de una gran obra que brillaba con luz propia, y también artificial, en la noche de Cadalso.
Pero no fue sólo esto que acabo de decir lo que perdimos, también con el
paso del tiempo volaron otras cosas que embellecían y daban categoría a
una de nuestras más grandes obras de arte heredadas, porque esta si es nuestra, aunque esté cerca de la otra.
Que la vida depare un futuro mejor al Estanque de Palacio, y que nuestros ojos tengan la gran suerte de ver algún día este encantado lugar restaurado y cuidado, pero son tantos los años y las desilusiones que uno ya no sabe que pensar, o mejor dicho, no quiero ya ni pensar.
Zorro Corredero
Fotos: Archivo Fotográfico Pedro Alfonso