A
Balta, excelente ciclista y mejor amigo
El pasado domingo cuando subía la cuesta de Tórtolas,
después de un paseo cargado de emociones y paisajes otoñales por el Boquerón,
me encontré con un ciclista, al principio no le reconocí pero cuando le
adelante dada la facilidad de mi auto de locomoción si lo comparamos con el
suyo, comprobé que no era un ciclista cualquiera, y eso que yo respeto y admiro
a todos, este era y es un ciclista muy especial para mi.
Lo que en un principio iba a ser disparar un par de fotos de
ese ciclista que no era otro que mi gran amigo Balta, se convirtió en una gran
sorpresa por sus palabras de lo acontecido hacia unos minutos antes y por el
aspecto de sus ropas y suyo propio.
Esta historia se comenzó a escribir hace muchos años,
entonces éramos unos críos que cada día jugábamos al fútbol en el gran campo
que para nosotros era y nos parecía, la Plaza del Ayuntamiento de Cadalso. Allí
cada uno de nosotros soñaba con este o
aquel jugador e intentaba emularle, siempre con el permiso del tío Emiliano, de
Peri y por supuesto de Manolo Cantelar, personas éstas que por aquellos años regentaban
sus negocios junto a “nuestro” campo de fútbol, vamos que podría decirse que
inventaron lo que hoy conocemos como la esquina del Bernabeu, la esquina de la
Plaza.
Cada verano cuando la Vuelta, Tour y Giro llegaban a las
pantallas de aquellas primeras teles Marconi que se acompañaban de
transformador y funda de tela verde para que no cogieran polvo, era el momento
de guardar el balón para sacar nuestras humildes bicicletas, algunas compradas
a Peri, que las vendía junto a sus repuestos en el local donde hoy se encuentra
la óptica. Y así con la emoción de las etapas de estas grandes vueltas nosotros
soñábamos con ser unos de esos ciclistas que cada día nos impresionaban con sus
escapadas, sprints y llegadas a los puertos de montaña.
Nuestras etapas eran Cadalso-Cenicientos, Cadalso-La
Granjilla, Cadalso-Las Rozas, y nuestros puertos de primera los clásicos de
Tórtolas, Las Cojudas y Campamento. Todos salíamos juntos en aquellas etapas de
tarde de verano, todos sufríamos con aquellas bicicletas, y cada uno a nuestra
manera nos planificábamos aquellas para nosotros duras etapas, para regresar a
Cadalso lo mejor posible, cosa que casi nunca ocurría ya que la mayoría de las
veces por no decir todas llegábamos a meta más muertos que vivos.
No importaba llegar el primero o el último, lo
importante era llegar y tener la satisfacción personal de hacer la etapa
completa. Hubo accidentes, algunos peligrosos que necesitaron de visita a Don
Alejandro, médico de Cadalso y de nuestra Vuelta a Cadalso, pero nada
importante que el tiempo, la mercromina, aquel antiséptico empleado para la
desinfección de las heridas y rozaduras, y algún punto de sutura no curase.
Baltasar Villarín, ciclista de la vida y de los sueños. Igual que aquellos cromos que coleccionábamos en los
70. Te acuerdas?
Aquellos años son difíciles de olvidar por muchas cosas, hoy
cuando el recuerdo nos trasporta a las tardes de etapas y sueños renace en
nosotros una sensación de placer y amistad duradera. Todos éramos ciclistas de
verano, pero si hay que destacar a alguno por su empeño ese es Baltita, que así
le llamaba Antonina, su madre. En su habitación subiendo las escaleras a la
derecha de aquella panadería de sus padres, hoy su casa en la Plaza, colgaban
de la pared recortes del deportivo As con grandes ciclistas de la época. Eddy Merckx, Raimond
Poulidor, Luis Ocaña, Van Springel, Zoetemelk, Vam Impe, Agustín Tamames y
Perurena por citar algunos, eran las imágenes con las que Baltita se dormía
cada noche soñando en la ascensión al Puy de Dôme o al Col du Galibier, escenarios de aquellas grandes etapas.
Fueron grandes años y grandes equipos, como Faema, Kas, La
Casera, Bic, Werner o el Fagor Mercier los que nos hicieron sufrir y soñar y
los que inculcaron en Balta ese amor por el ciclismo que todavía hoy perdura.
Y pasaron los años y el ciclismo fue calando cada vez más en
su corazón y en su forma de vivir la vida, grandes etapas, viajes a tantos
lugares llenos de historia del ciclismo y muchas ascensiones a esos puertos
míticos han ido llenando siempre el pasado y el presente de Balta. Amigos
todos, ciclistas todos, y gran pasión por este duro deporte que le proporciona
lo que él quiere, y la ayuda, no tengo la menor duda, a ser una gran persona.
Estar junto a Balta es vivir el ciclismo, es dejarse atrapar
por su sueño y por sus conquistas aquí y allá, es aprender a conocer la
bicicleta, el manillar, la tija o el cuadro de titanio, elementos que suenan en sus sentidos a
coro celestial, reflejándose en sus ojos una sonrisa de alegría y placer
por saber que está haciendo lo que le gusta.
Pero volvamos al momento del encuentro en Tórtolas, donde la
sorpresa se hace más patente al observar las heridas de una caída que acaba
de tener entre el Burguillo y El Tiemblo, cuando prácticamente ha chocado
contra un gato y esto en una bici en casi siempre suelo y dolor, como el que le
proporcionan esas heridas en la rodilla, el brazo, el hombro y las manos,
heridas que le hacen más grande cuando al ser preguntado por algunos
conductores que circulaban en ese momento por el lugar del accidente, si
deseaba que le llevaran al médico de El Tiemblo, él les contesta que prefiere
continuar hasta Cadalso, y así lo hace, con pundonor, con fuerza y con esas
ganas de superarse a si mismo tan propia de los grandes ciclistas.
Tampoco admite mi ayuda para que le lleve a la clínica de
Cadalso, y tras una corta conversación, continua Tórtolas arriba, derrochando valentía
y haciendo un gran esfuerzo por terminar este día y esta cuesta tan nuestra, llena hoy de sudor y sangre.
Durante un par de días no tenía claro si publicar este post,
pero al final he pensado que debía hacerlo por varios motivos, porque te lo
mereces, porque eres una gran persona y un gran deportista capaz de soñar y
hacer soñar a los demás, porque tu coraje, esfuerzo y decisión no pueden quedar
sin darse a conocer, porque emanas amistad allá donde vas y por lo más
importante, porque desde que teníamos tres o cuatro años eres mi amigo y hoy
cincuenta años después lo sigues siendo y sintiendo.
Gracias Baltita por todo.
Zorro Corredero
Fotos: Archivo Fotográfico Pedro Alfonso