A mi tierra...
Desde muy pequeño, y durante muchos años, recorría en un pequeño autocar el trayecto entre Cadalso y San Martín cada mañana. Por la tarde, el recorrido era mucho más largo: San Martín, Navahondilla, Santa María, Sotillo y vuelta a Cadalso por Rozas. Fue en aquellos años, cuando al mirar al Cerro Casillas y al Cabezo, siempre nevados en invierno, me enamoré para siempre de estos pueblos, de sus bosques, de sus paisajes y de sus montañas. Tanto influyeron en mí que despertaron una pasión que aún hoy me acompaña: la montaña. Desde entonces, hace ya más de cincuenta años, no he dejado de caminar por ella.
Durante todo este tiempo he recorrido la Sierra Oeste y sus cumbres, el Valle del Alberche y, por supuesto, el Valle del Tiétar. Cada sendero, cada rincón y cada cima forman parte de mi vida y de mis recuerdos. Hoy, cuando los incendios han asolado gran parte de estas tierras, siento un dolor difícil de explicar. Es como si una parte de mi propia vida hubiera quedado reducida a cenizas. No sé hacia dónde mirar ni qué pensar, sólo puedo recordar aquellos lugares llenos de vida y naturaleza tal y como siempre los conocí.
No logro entender por qué ha sucedido esto. Tampoco quiero buscar culpables. Solo deseo que todo pase y volver a recorrer cada rincón de este entorno maravilloso, aunque el paisaje haya cambiado para siempre. Aunque sienta tristeza y las lágrimas acompañen mis pasos, volveré, porque siempre he amado estos valles y siempre los amaré. Sus pueblos son inmensos por el corazón de quienes los habitan, sus gentes nobles, generosas y acogedoras. Mi mejor homenaje será regresar una y otra vez para caminar por sus calles, sus caminos y sus cumbres, como he hecho durante toda una vida.
Desde las Peñas Búvera y Muñana hasta La Almenara, en la Sierra Oeste de Madrid, desde el Cerro Guisando hasta El Torozo, en el Macizo Oriental de Gredos, seguirán esperando mis pasos, mis alegrías y el inmenso orgullo que siento por esta tierra. Puede que, a partir de ahora, todo sea diferente, pero seguirán siendo nuestras montañas y nuestros pueblos. Nunca dejaré de quererlos. Al contrario, cada regreso será un acto de esperanza, con la ilusión de volver a contemplarlos verdes, vivos y llenos de la belleza que siempre los ha caracterizado.
Mi abrazo más fuerte para todos los pueblos y sus habitantes que han
sufrido este terrible incendio. El Valle del Tiétar, el Valle del Alberche y la
Sierra Oeste de Madrid, siempre, siempre serán un lugar maravilloso. Los
bosques volverán a renacer, y el amor por esta tierra nunca dejará de vivir en
quienes la sentimos como parte de nosotros.











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