El Molinillo

El Molinillo
Ver desde dentro el problema y el abandono sería lo mejor que podría pasar para que la sensibilidad de todos se uniera y por una vez el sentido común sirviera para recuperar esta joya de nuestro pasado y nuestra cultura.

Vidrios de Cadalso

Vidrios de Cadalso
La producción de los hornos de Cadalso tiene éxito en origen por la simplicidad de la decoración y de las formas. Muchas de éstas son tradicionales, y fueron anteriormente usadas por la orfebrería. Más tarde durante los siglos XVI al XVII se ven influidas por las venecianas.......

jueves, 22 de diciembre de 2016

EL DÍA DEL GALLITO EN CADALSO DE LOS VIDRIOS


EL DÍA DEL "GALLITO"




     Esa noche al menos tenía un motivo para no dormir. Me levantaba mucho antes de lo habitual y desayunaba sopas de pan con leche mezcladas en un grueso tazón blanco de barro. Mi madre me vestía junto a la chimenea encendida, encaramado yo sobre una silla de anea desde donde divisaba a través de la ventana si pasaba el niño que, a diario y antes de ir a la escuela, repartía leche con sus lecheras de aluminio. Mi mama me ponía la indumentaria de domingo y me peinaba con la raya al lado izquierdo. Y así, tan guapo (al menos eso decía ella), salía a la calle desafiando al frío que, por efecto de la ilusión, aquella mañana no lo notaba tanto y eso que, como siempre, las calles aparecían heladas y de los tejados pendían gruesos -y afilados- carámbanos de hielo.

El “día del gallito" todos los chavales llegábamos pronto a la escuela, incluidos los "novilleros" que, exceptuando esa fecha, jamás asistían a clase. Éramos crueles con ellos -los niños casi siempre lo son- y les cantábamos aquello de: "¡A barruntao el gallito… A barruntao el gallito…!", que tiempo después pasó a ser: "¡A rebuznao el gallito…!" Ellos lo padecían resignados porque el fin bien justificaba aquellos cánticos hirientes.

                    Nati y Justo un día del Gallito


Esa jornada era la fecha más esperada y bonita de todo el curso y además se iniciaban las vacaciones de Navidad. Sobre las 11h. de la mañana aparecían las fuerzas vivas de la localidad encabezadas por el Sr. Alcalde, Don Isidoro Álvarez. Don Enrique Gullón, a la sazón director del Grupo Escolar Carlos Ruiz, acompañado por el resto de los maestros (D. Eugenio Muro, D. Manolo, D. Luis, Don Agustín… que  antes que a nosotros -algunos de ellos- dieron clase a nuestros desconcertados padres), los saludaban ceremoniosamente a la entrada de las escuelas que se encontraban entonces en la calle San Antón. Luego pasaban todos juntos a la clase de tercero, allí se situaban delante de la pizarra; a su derecha quedaba la mesa del maestro, a su izquierda la estufa de leña y arriba, presidiéndolo todo, las fotografías de rigor (lo estoy viendo). Los niños nos levantábamos respetuosamente al unísono y al poco íbamos desfilando eufóricos ante ellos para que nos entregaran el libro y el "gallito". En aquel momento no existía en nuestras vidas nada más importante y por eso, al recibirlo, musitábamos un "¡Gracias!" entrecortado por los nervios y la emoción.

Al salir del colegio mirando y acariciando nuestro pequeño tesoro, las calles se inundaban con voces gozosas: -"¿Cómo es el tuyo?", ¡Qué fotos tan bonitas! Y comenzábamos a recorrer las casas de los familiares, vecinos y amigos mayores mostrando el libro que servía de reclamo para recibir el aguinaldo en forma de perras gordas y chicas (más chicas que gordas), dos reales con agujero e, incluso, alguna que otra peseta. Monedas que los mayores habían ido cambiando poco a poco en las tiendas de coloniales de Emiliano y Sinfo.

Cuando regresaba a casa, lo primero que hacía era forrar el libro para distinguirlo de la Enciclopedia Alvarez que era intuitiva, sintética y práctica pero que desde ese día ésta pasaba a un tercer plano sin forro y el libro a primer plano con él. El "gallito" quedaba incólume hasta que llegaba mi padre del campo, yo entonces se lo ofrecía ritualmente. Él, después de simular un mordisco, me lo devolvía con una pequeña sonrisa para que me lo comiera. Todos los años al despertar de ese día me lo decía: -"¿Me guardarás el gallito, no?". Mi padre murió una tarde de agosto y esa simbólica costumbre la recogió mi hermano pequeño, Jose. Cada nochevieja, cuando regresaba yo del extranjero, él me daba duro, pero blando de ternura, aquel mazapán que amorosamente reposaba sobre una pequeña taza blanca con líneas onduladas rojas esperando mi vuelta a casa. Y es que, paulatinamente, los cadalseños vamos recogiendo de unos a otros ese "gallito" que nos transmite el amor a nuestra tierra y a nuestras gentes. Aún hoy, cada año, me siguen guardando el "gallito" que, a su vez, yo guardo para alguien que no sé si llegará.
    
     Una vez más, mis recuerdos son la prueba de que he vivido y filtrándome por ellos vivo de nuevo aquel tiempo irrepetible, mientras aprovecho para desearles a mis paisanos más jóvenes aquella felicidad pasada que hoy vivirán en su presente y siempre recordarán en el futuro.

                                     Miguel MORENO GONZÁLEZ
        


Día del "Gallito", creo que de 1997, en que servidor colaboraba con el periódico Sepa y que junto al mencionado semanario, el Ayuntamiento de Cadalso (era Alcalde Antonio Sibert) y el Colegio Eugenio Muro organizamos aquel año un Certamen Literario que denominamos "El Cadalso de nuestro Mayores" en el que los niños del colegio narraban los recuerdos cadalseños de sus mayores. Los premios se entregaron el Día del Gallito de ese año.El primer premio lo consiguió la hija de Ángel "Metaillas", creo que se llama Ruth y  el segundo Mercedes Cordero, hija de mi amigo Miguel "Cascapiñas".

(Actualmente el “gallito” también se entrega a los más pequeños en la Casa de los Niños, así como a los más crecidos que cursan estudios académicos en la Escuela de Adultos de Cadalso. Además se visita la Residencia de Ancianos Maravillas, y también se les obsequia con la legendaria figura de mazapán en forma de “gallito”. Ellos han sido pieza clave en esta tradición cultural por ser quienes la han transmitido a las generaciones posteriores. Alguien, con el tiempo, nos ilustrará sobre esta ancestral costumbre genuinamente cadalseña. Que yo sepa, sólo se celebra en nuestro pueblo y consiste en regalar libros, “gallitos” y felicidad. ¿Existe algo más hermoso…?).

    

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Una hermosa tradición la que venís celebrando en Cadalso, espero que continúe así durante años y siglos.

Una enamorada de Cadalso

Anónimo dijo...

Muy bonita y culta tradición. Indudablemente es un pueblo muy singular. Felicidades a todos los que han recibido su gallito y a los que no, también.

Pedro Alfonso dijo...

Muchas gracias a los dos en nombre de todo Cadalso.

Un saludo
Zorro Corredero

Anónimo dijo...

El día del gallito y el libro Ya llega el gallito nos lo da el señor alcalde etc que recuerdos

Conchi Lopez

Anónimo dijo...

Preciosa tradición!los mayores seguimos recordando este día con mucha ilusión y cariño.

Yolanda Robles Lopez

Anónimo dijo...

Que bonito me a transportado a mi infancia yo recuerdo siempre esa estufa de la escuela muy grande no se si era tan grande la estufa o yo hera muy chica

Pilar Calvo Villarín

Anónimo dijo...

Que recuerdos de la infancia como disfrutabamos el día del gallito tienes razón yo creo que es el único pueblo que tiene esa costumbre...

Carmen Frontelo Morales

Anónimo dijo...

Qué pueblo con sus gentes más especial. Enhorabuena. Es un placer este remanso de paz.
Bécquer

servando cabranes dijo...

Los recuerdos de la infancia tienen (en mi caso es así..) un resabor agridulce, como la salsa de los chinos. Lo agrio lo ponía la incertidumbre y sobre todo la impotencia.. Lo dulce, claro, la ilusión desmedida e inocente.. Un abrazo, y disfruta de las fiestas en familia, tú que puedes.
rafael