Ascensión al Garmo Negro desde el Balneario de Panticosa
El Balneario de Panticosa nos recibió cubierto por la nieve. Las imponentes cumbres de más de 3.000 metros que rodean este precioso rincón pirenaico permanecían ocultas entre las nubes, dejando apenas imaginar la grandeza del paisaje. Habíamos llegado hasta allí con la ilusión de ascender el Garmo Negro, una espectacular montaña de 3.051 metros que domina la zona y destaca por su elegante silueta junto al Argualas.

La nieve había caído incluso en el mismo Balneario y, en las alturas, la cantidad era todavía mayor. Sin embargo, ya por la tarde las nieblas comenzaron a disiparse y las cumbres empezaron a mostrarse tímidamente. Tal vez el tiempo nos daría una tregua al día siguiente. Y así fue, a la mañana siguiente, aunque algunas nubes seguían adornando el cielo, el tiempo acompañaba. A las ocho en punto iniciamos la subida. Nos esperaban cerca de 1.400 metros de desnivel positivo, sin un solo respiro de negativo, y por lo tanto una jornada exigente en plena montaña.
Los primeros pasos transcurren por el bosque, siguiendo un camino empedrado que asciende en continuos zigzags. Poco después alcanzamos la conocida Mallata Baja, donde ya aparecían los primeros restos de nieve. Abajo el balneario de Panticosa parece cercano, pero.no lo está. Más arriba el paisaje cambia por completo, todo está cubierto de nieve, parte la caída el día anterior, blanda y perfecta para progresar cómodamente.
En la Mallata Alta nos colocamos los crampones y continuamos superando varias palas de mayor inclinación hasta situarnos bajo el Argualas. Desde allí atravesamos hacia la derecha para alcanzar la vertical del Collado del Argualas, situado entre las cumbres del Algas y el Garmo Negro. El collado, con una pendiente considerable, nos exige un importante esfuerzo físico, a mi más.


Una vez alcanzado el collado comienza el tramo final, el más pendiente y delicado de toda la ascensión. La nieve añade un punto extra de dificultad y peligro, una arista estrecha, con caída a ambos lados, donde un descuido puede tener graves consecuencias. Afortunadamente, una buena huella abierta en la nieve, hoy ha subido bastante gente, algunos con esquís hasta la misma cumbre, facilita el avance y nos permite progresar con seguridad.
Finalmente alcanzamos la cima del Garmo Negro. Desde allí la recompensa era inmensa, un espectacular mirador sobre numerosos tresmiles del Pirineo, entre ellos el majestuoso Vignemale y el Monte Perdido, además de otras muchas cumbres que se extendían hasta el horizonte.
El descenso lo realizamos por el mismo itinerario, con prudencia y concentración hasta regresar al collado. A partir de aquí la tensión desaparece poco a poco. La nieve estaba en perfectas condiciones y el regreso se hace mucho más agradable.
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Ya de vuelta, en la Mallata Baja, tuvimos la suerte de ver algunas marmotas que, veloces, corrieron hacia sus madrigueras al notar nuestra presencia. Más abajo, las primeras y preciosas orquídeas comenzaban a florecer poniendo el broche perfecto a una jornada inolvidable en el corazón del Pirineo.
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