San Antón

Abedular de Canencia

lunes, 4 de julio de 2016

LOS CALENDARIOS TAMBIÉN SE JUBILAN CONTIGO. Homenaje a Pepe Vázquez Mallorquín.





LOS CALENDARIOS TAMBIÉN SE JUBILAN CONTIGO

     Te voy a echar de menos cuando te vayas. Ya ves. Hay cosas bonitas que le brotan a uno libremente y que, sin saber muy bien el por qué, le unen a otras personas. A veces es lo más nimio, lo más natural de lo cotidiano… Pero sin embargo, captas que dentro de ese acto en apariencia baladí y superficial hay algo en su interior mucho más profundo y conmovedor. 

 Conservaduría. Navidad 1991
   
     Por ejemplo: Rememoro que cuando Conservaduría estaba toda unida en el Palacio de Viana, los finales de año pasaban por allí los proveedores de papelería de oficina y le regalaban a Pilar Cuevas (funcionaria ejemplar, la que más) unos calendarios amplios con los números más grandes de lo habitual. Cuando se jubiló Pilar se los dejaban a Paqui Martos. Unos compañeros de entonces que me apreciaban, sabedores de que recibíamos esos calendarios en nuestro departamento de Exteriores, al llegar esa época me lo recordaban (es que, Miguel, se ven mejor los números). Cada año, puntualmente, se los pedía a Pilar y posteriormente a Paqui y se los mandaba o se los llevaba personalmente a sus destinatarios. A saber: Urrutia (Telefonía), Pepe Martín (Adquisición de Móviles), Emilio Rodriguez Pantín (Comunicaciones), Carlos de la Peña (Equipo), Rafael Canellada (Compañero y amigo que enriqueció mi interior)… 

Carlos de la Peña, Rafael Canellada y Miguel Moreno.    


     Hace aproximadamente dos años llegaron una vez más esas entrañables fechas, los almanaques también aparecieron y los recuerdos de todos ellos acudieron exactos, intensos y emocionantes a su cita… Pero ya no estaban ninguno de mis compañeros. Se habían jubilado. Paqui, amablemente me los sigue mandando, pero ya no tengo a quien dárselos. No se lo digo a ella porque me da mucha pena y sería como romper el encanto de esta bonita historia. Sería como si el canto del cuco que aparece todas las primaveras en Cadalso dejara un año de acudir a su reencuentro conmigo allá abajo, en Tórtolas, cerca de mi casa y del huerto de mi padre. Escucha, escucha… era el canto favorito de él, me lo hacía escuchar en silencio, a la noche. Cuando todo estaba en paz me decía que le acompañara detrás de la casa, donde todas las noches iba antes de acostarse y entonces oíamos lejano el canto del cuco. Era triste y melancólico, pero muy hermoso y melódico, después acompasadamente iba decayendo como la vida. Los calendarios de este año 2016 aún los tengo sobre un archivador y el cuco, afortunadamente, siguió alegrándome la llegada de la última primavera, algún día no me llegará…

     Te pareceré tonto, pero aquel primer año que ya no tuve a quién dárselos lo pasé mal. Los recogí con una goma elástica, los metí en el cajón de mi mesa y me emocioné. Estaba solo y traidoras se me cayeron unas lágrimas sobre la hoja del 22 de diciembre. ¿Sabes? Tanto me agradecían ellos aquel sencillo detalle que cada Navidad, Emilio bajaba a felicitármela, Urrutia Aurteneche llegó a traerme una botella de “Chacolí” de su pueblo vizcaíno, Canellada no me felicitaba nunca cuando me invitaba a un café, Carlos me regaló el Día de la Lotería una foto preciosa de La Pedriza, Pepe Martín venía al despacho a decirme cualquier cosa y a ofrecerme el arreglo del móvil si no me funcionaba. Y cuando algún mediodía veraniego hacía calor, Urrutia y Pepe Martín me llamaban (Urrutia lo hacía a voces y entre estentóreas carcajadas) y me invitaban a un Acuarios en la cafetería Riazor de la calle Toledo, mientras ellos degustaban amistosamente un vinito. Durante ese instante Urrutia seguía hablando alto y claro mientras Pepe Martín le hablaba pausado y le observaba con esa mirada tierna que tienen los niños. Es curioso como el acto más sencillo con el paso de los años su recuerdo cobra vida y embellece el presente.

 Pepe Vazquez y Miguel Moreno. San Isisdro 2016


     Los sigo echando de menos… Nadie sabe de esta pequeña y entrañable historia (ahora tú sí). Y la cuento porque -como a ellos- a ti, Pepe Vázquez Mallorquín, también te echaré de menos. Contigo me queda la sensación de que llegué tarde a lo bueno, que tenía que haberte conocido mucho antes y mucho mejor. Y es que siempre has sido justo conmigo con esa amistad tuya que se siente mejor que se cuenta. Yo lo sabía porque nos hablábamos poco y nos escribíamos mucho. Tu calendario siempre lo conservaré. 
  
 Miguel MORENO GONZÁLEZ
 Fotos: M.Moreno


4 comentarios:

Anónimo dijo...

Pepe es un privilegiado porque tiene esa luz interior que él quiere disimular.
Juan Manuel

rafael dijo...

Querido Miguel.. Tu corazón es una enorme posada en ese largo y sinuoso camino, que es la vida laboral en ese micro mundo del MAEC, en la que hemos tenido la fortuna de alojarnos un montón de -ya ex- compañeros. Todos, creo saberlo, guardamos los mejores recuerdos de nuestra estancia en ella, pero no debes echar el cierre.. Tu noble "establecimiento" aún debe seguir alojando a nuevos caminantes necesitados de afecto, por mucho tiempo; y mientras, tu salón se va enriqueciendo con los recuerdos agradables de visitantes "célebres" como los restaurantes con solera. Muchas gracias por tus gratos recuerdos, que sabes, son mutuos. Un abrazo.

Almudena dijo...

Miguel es un placer tenerte de compañero, siempre se puede contar contigo, y lo único que lamento es ser un poco más joven que tú y perderme tus entrañables palabras cuando celebre mi jubilación.
Es verdad que la vida pasa muy rápido y va dejando muchos recuerdos y amigos en el camino, que nuestra amiga melancolía hace que no olvidemos, pero afortunadamente siempre aparecen nuevas y buenas personas que llenan, aunque sea un poco, el hueco que dejan las que se van. Yo también echaré de menos a Pepe cuando se jubile.

Almudena

Saturnino Caraballo Díaz dijo...

PÁGINAS DEL CALENDARIO

Páginas del calendario
que pasáis y vais volando,
vosotros no decís cuando
me cubrirán con sudario.
Y tocará el calendario
por el que yace ya muerto,
y sin surgir desconcierto
habrá boda y un bautizo,
y yo seré ya un plomizo
hueco que queda desierto.

Saturnino Caraballo Díaz
El Poeta Corucho