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lunes, 14 de noviembre de 2011

Juan Mora en Cadalso


El pasado sábado los asistentes a los coloquios taurinos que se vienen celebrando en Cadalso durante este mes de noviembre, y que organizados por la Asociación Taurina Cultural "Cadalso" que este año celebra su VI edición de los ya conocidos como "Sábados Taurinos", tuvieron la oportunidad de escuchar al maestro placentino Juan Mora que hizo un recorrido por su extensa carrera taurina y contesto las preguntas que le hicieron los numerosos asistentes al acto.


Con pausada voz y sencillez delicada Juan cautivó a todos con sus formas y saber estar dándole a la tarde-noche cadalseña ese aire torero y casi paisano con su palabra, no olvidemos que el maestro nació en la cercana Plasencia, con lo que llegó un momento en que escuchar se convirtió en un deleite y placer para esos corazones taurinos que llenaron el Hogar, lugar donde se celebró el evento. Y todo esto lo dice alguien que no es muy torero pero que más que escuchar, tuve la gran suerte de recibir el mensaje claro, atrayente y seductor de este gran torero, que además por lo que pude comprobar y sentir es también un maestro de la comunicación, taurina este vez.


Y como homenaje a Juan he querido acompañar este post con un precioso escrito que realizó el maestro cadalseño de la prosa Don Miguel Moreno con motivo del memorable triunfo obtenido por Juan Mora en la plaza de las Ventas el 2 de octubre de 2010 durante la madrileña Feria de Otoño, y que fue publicado a los pocos días en el blog "Sotosalbos Vive" de Tony Montón.



LLEGA JUAN MORA


...Y en esto llegó Juan Mora. Cuando algunos llevábamos la mayoría de ésta -y de muchas temporadas- dormitando, otros charlando apaciblemente y los demás pendientes de sus asuntos personales, o del tiempo, o del móvil o del tío bueno de enfrente... Se hace presente Juan Mora y brota la luz embriagadora de la TORERÍA y a todos nos puso de acuerdo. Sí, TORERÍA, con mayúsculas. No entro a analizar si sus faenas eran o no merecedoras de orejas; eran arrebatos del sentimiento y ahí no hay valoración material que valga. ¿Qué importa eso cuando hay torería? ¡TORERÍA!, bella palabra en desuso o desconocida por la practica generalidad del escalafón taurino. Hay cosas que parecen que a uno le sirven de presagio de las maravillas que están por acontecernos. Me ha sucedido varias veces. En esta ocasión, también. El jueves 30, observé a Mora en el callejón de la plaza viendo la novillada, tocado con una chaqueta veraniega "mil rayas", más tarde volví a encontrarme con él en el patio de arrastre y al rato en el vestíbulo del metro de Ventas, despistados y solitarios (Juan y servidor) buscando él -supongo- como entrar entre tanto gentío a la estación. Y no sé, pero intuí que seguramente iba a ofrecernos algo trascendental el sábado 2-10-2010, mientras dudaba si dirigirme al maestro para -simplemente- desearle suerte. No me decidí y seguí mi camino recordando, si la memoria no me falla, sus actuaciones como novillero en Cadalso en 1981 y 1982 y como matador en 2001. Más tarde volví a coincidir con Mora en la televisión, "La 10", sobre las 23h, participando en uno de esos programas en los que se debatía sobre toros sí o toros no. Total, que me parecieron demasiadas coincidencias para que se me pasaran desapercibidas y yo -repito- lo interpreté como un anuncio, una premonición de que algo inolvidable iba a pasar.


Cuando recibió al toro anticipándose a todos los mortales con esos delantales a pies juntos, dejándose ir con ellos al infinito, ya no albergué la más mínima duda: "Esto huele a emoción". Emoción al verle andar sobre la arena y ante los toros; emoción en su desgarradora parsimonia torera; emoción en los cites sobrios, sin falsas alharacas ni retorcimientos antiestéticos; emoción al enroscarse el animal al corazón; emoción al alejarse de la suerte con chulería; emoción en su justa y medida faena (la esencia viene en frascos pequeños); emoción en el entusiasmo indescriptible de los espectadores; emoción cuando, sin solución de continuidad y al salir de un pase y quedarse el toro cuadrado para la muerte, sin pensárselo monta la espada y le pega un estoconazo que le tumba al instante. Ya está la obra de arte maravillosamente conclusa y lista para vivir en lugar preferente en nuestros recuerdos de aficionados. ¡Qué majeza, qué donaire, qué elegancia, qué seguridad, qué calma, qué intuición, qué improvisación, qué inspiración (las tres últimas "ies" son las del arte torero), en definitiva: ¡QUÉ TORERÍA! ¿Cuánto tiempo hacía que no veíamos a un torero salir con la espada de verdad? (no sé si los espectadores estarán recuperados a estas alturas de la sorpresa que recibieron de algo que antes era habitual y de uso obligado desde el mismo inicio de la faena) ¿Cuánto hacía que no veíamos torear sin dar pases de forma tan añeja y clásica? ¿Cuánto andar ante la cara del burel con esa donosura, esa exquisitez y esa verdad? ¿Alguien se acordaba en esos momentos de esas lidias plenas de lances y más lances, de las carreras desenfrenadas, de las idas y venidas a tablas, de la irrupción de los banderilleros si el matador va a por la espada...?


Cuando siento estas cosas compruebo lo absurdo a lo que nos quieren hacer llegar, lo repelente de sus intereses hueros y bastardos pero, afortunadamente, esas sensaciones vienen acompañadas de la recuperación de la certeza de que uno no iba desencaminado, que son otros (aunque son mayoría) los que intentan arrastrarte a un fin sin fondo y sin forma, sin proyección de futuro ni en la técnica, ni en el arte, ni en la emoción que éste nos produce.

Y la tarde otoñal madrileña... ¿Qué me decís de esa tarde luminosa, limpia y llena de belleza? Un atardecer cómplice para procurar al artista el entorno más adecuado para crear su obra efímera en el tiempo, pero eterna en los corazones. Aún me dura el embeleso mágico de su creación. Esta tarde volveré por Las Ventas al reencuentro de estas cosas. Siempre retorno a los lugares en los que fui feliz. Lo hago en soledad, cuando todo está vacío y nadie me observa. Sé que el espíritu de los momentos bellos vaga flotando y yo voy a su reencuentro. Daré la vuelta al ruedo lentamente, absorbiendo con avaricia la ternura que Juan Mora esparció por la plaza. Y al llegar a mi localidad me veré, me saludaré desde abajo y ya seremos dos, Mora y servidor, llorando emocionados.


Miguel MORENO GONZÁLEZ

Fotografías realizadas por Miguel Moreno.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Me gusta mucho el arte de torear de Juan Mora .

Anónimo dijo...

Los buenos aficionados a los toros asisten a todas las tertulias organizadas por la Asociación Taurina Cultural "Cadalso", no solamente cuando les interesa aparecer por motivos particulares y politicos (para salir en la foto).

Anónimo dijo...

Muchas gracias,me ha encantado, lo pase muy bien en Cadalso.
Un abrazo.
Juan Mora

Anónimo dijo...

Poco público, ¿no?

Anónimo dijo...

En Cadalso hay muchos aficionados de Bar pero los pocos que estuvimos lo pasamos muy bien.
Más vale pocos y entendidos que muchos sabiendo de todo....
Un saludo