Fuente de los Álamos

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Una historia de 2010

Vidrios de Cadalso

Vidrios de Cadalso
La producción de los hornos de Cadalso tiene éxito en origen por la simplicidad de la decoración y de las formas. Muchas de éstas son tradicionales, y fueron anteriormente usadas por la orfebrería. Más tarde durante los siglos XVI al XVII se ven influidas por las venecianas.......

miércoles, 18 de mayo de 2016

HISTORIAS DE AMOR Y DE CINE EN CADALSO Y FRENTE AL MAR





(A Paloma… Y a ellas. Inspirado en los guiones de las películas de José Luis Garci)


HISTORIAS DE AMOR Y DE CINE EN CADALSO Y FRENTE AL MAR



¿No os acordáis? Siempre era primavera en aquellas sesiones continuas de cine al atardecer, en esas películas donde las mujeres parecen olvidar y los hombres siempre recuerdan como si estuvieran dentro de una fotografía. Aparecíamos en la calle con un repentino optimismo, con una euforia desconocida, con ganas de caminar sin rumbo toda la noche, charlando por los codos, locos de abril, resucitando los crepúsculos rojizos de aquellos primeros besos con sabor a arrebato y a emoción, cuando hacíamos primero de amapolas y penúltimo de adolescencia, añorando los jerséis anudados a la cintura del país de las vacaciones, con una brizna de hierba en los labios y dibujando mayo en la mirada y septiembre en el corazón. Se nos aparecían entonces los primeros cubatas del estío que nos animaban a bailar las lentas en los guateques con tu cara pegada suavemente a un sueño. No me digáis que no vivíamos todos dentro de una película panorámica. Lo que no es nostalgia es imitación, decía un guionista de esas películas.



Salíamos del cadalseño Cine Condestable desenterrando el hacha de esa guerra de melancolía que, ¡ay!, yo nunca he superado. Te brotaba tontamente cuando te hacías el encontradizo en la calle con la chica que te gustaba y ella ni siquiera te miraba, aquélla a la que le salían al reírse unos hoyitos en las mejillas pasaba cruelmente de ti. Pero, en cambio, tú seguías abrigando esperanzas; jamás olvidaste el día en que fue castigada por sus padres a no salir, quién se acuerda hoy del motivo por el que no la dejaron ir a aquel baile con la pista circular rodeada de aligustre de La Alegría de la Huerta. Eran las Fiestas del Cristo y fue la noche de los fuegos artificiales (de la Pólvora), la noche de los puestos de los tostoneros en La Plaza, la noche de los coches de choque, la noche del tiro al blanco con una escopeta de perdigones que tenía el punto de mira un poco desviado para que no le atinaras a las bolas de anís de colores, la noche en la que todos corrían, gritaban y sonreían cuando descargó la tormenta de todos los años, la noche, en fin, que armado de valor superaste las dudas e ibas a decirle a aquella muchacha (que olía a felicidad) que la querías para siempre porque tu futuro pasaba por su corazón. Tampoco la viste ningún mediodía de la Función en aquellos clásicos Bailes del Vermut en La Huerta de Cañardo… Con el tiempo su silueta acabó difuminándose como tantos seres queridos de entonces…



Veréis, cómo os diría yo, cien años después me encontré con una mujer. Yo estaba ligeramente triste, llovían aquel anochecer gotas de abatimiento y permanecía replegado en mí mismo intentando descifrar el secreto de mi vida. Se llamaba… Qué importa. Era dulce y romántica y con su mano acariciaba la mía cuando observábamos emocionados desde la playa el pendular de las estrellas colgadas del cielo. Me parece que no era muy alta pero sí muy bonita y tenía un temblor en su mirada que me delataba que era tímida y misteriosa. La conocí en el horizonte de una atardecida salada de verano, un atardecer en el que nos pusimos los cascos de guerra y sin tregua y desconsolados nos acuchillamos de amor. Me hablaba frente al mar de su encanto desconocido y a lo mejor, ahora, todavía me quiere cuando me recuerde mirándole al ocaso. Una mañana la esperé en vano. Desapareció en silencio sin anunciarme su partida. Sufrí mucho y no tuve tiempo para descubrir si era cierto lo que decía el viejo Sócrates, aquello de que el amor era lo único que comprendía. No pude averiguar si me habría corregido al observar que había dejado la ropa abandonada junto a la pena y a los zapatos la noche anterior, nunca supe si nos habríamos amado los atardeceres sobre la marea, si me hubiese seguido acariciando mi pelo ondulado como aquella tarde que llovía tanto y ululaba el viento contra la ventana…



A veces retrocedo a ella, a esa borrosa zona del tiempo donde la memoria ríe con escozor y devasta el ánimo mientras negocias con los recuerdos para que no te hieran. Fue para mí la verdadera historia de amor, aquélla que nunca termina por sí misma porque continúa flotando, esa que no ha sufrido el contagio de la rutina ni el desgaste de la convivencia, esa que nos consuela a quienes libramos grandes batallas de pasiones cabalgando sobre Rocinantes por los campos de las imaginaciones más hermosas. Son combates de los que salimos malheridos, zombis perdidos que sufrimos la ausencia de luz por todas las esquinas del corazón porque, a diferencia de lo que pensaba Sócrates, no se comprende fácilmente el amor. El que ama no está libre de zozobra. A pesar de todo, seguiré esculpiéndome en el pecho esa frase de Manuel Alcántara: Desde que sé que tu aliento se ha quedado por el aire, estoy bebiendo los vientos. Y es desde entonces -más o menos- que estoy tocado por una historia de amor que no he podido quitarme de encima. Y me iré con ella. Los amores no viven ni mueren, sólo flotan eternamente.

                             Miguel Moreno González

19 comentarios:

Anónimo dijo...

Como me gustaba volver a las rozas por la noche despues del cine

Fjose Montero Saugar

Anónimo dijo...

¿Cuantas veces escuchaba de niño en el Cine Condestable aquello de
"que empiece ya,
que el público se va,
que la gente se marea
y el público se mea..."
cada vez que se cortaba la proyección, ya porque se cortaban las reviejas películas, ya porque se iba la luz. Y cuando la escandalera subía de tono, venían dos Guardias Civiles del vecino cuartelillo a imponer orden.
O tempora, o mores!

JGabriel Storch de Gracia

Anónimo dijo...

Que recuerdos ... mi infancia la primera vez que fui al cine proyectaban E.T. en Cadalso...

Mari Feli Pérez Fermosel

Anónimo dijo...

Q bonito precioso,cuantos recuerdos q bien lo pasabamos entre la huerta y el cine del tio aquilino,q recuerdos

Eulalia Alvarez Navarro

Anónimo dijo...

Jo Miguel, a mi tu relato no me trae recuerdos del cine Condestable, ni de La Huerta, porque yo no era de aquí. Pero lo cuentas de una forma que ha hecho pasar mi infancia ante mí en unos momentos. Aquella vecina a la que quise, aquellas dos vecinillas que se peleaban por mi, al Panchi, a mi primer amor, nunca correspondido y que me dejó tan doblado como a ti te dejó el tuyo, aquella adolescencia que se perdió entre algodones y libros, lecturas que ocupaban mi mente y mi tiempo para no pensar en otras cosas, a mi torpeza con las chicas, a una madurez adelantada a fuerza de médicos y de reflexiones, a ese kaos que a veces parece que ha desaparecido pero que de cuando en cuando vuelve a asomar. ¡Jo Miguel! Me has tocao.
Javier Perals.

Anónimo dijo...

Una de las cosas por las que merece la pena vivir es por recordar cosas tan bonitas como los amores de adolescencia. Gracias por volvernos a hacer felices

Miguel Moreno González dijo...

Gracias a todos. Celebro que al menos por un rato, y como decía José Luis Garci, volváis a vuestros "santos lugares del amor adolescente" y si encima os arranca una sonrisa sería la releche. No tengo pago más hermoso que ése.

Anónimo dijo...

Que tiempos y buenas películas que se proyectaban gracias al tío Santiago.............

José Luis Villatoro

Anónimo dijo...

Me acuerdo que las peliculas las ponia mi tio Teodoro y dando las entradas mi tia Isabel y que la ultima pelicula que dieron antes del cierre definitivo del cine no se si fue el Rio que nos lleva o el Imperio del Sol je,je,je.

Emilio Jose Tabernero Hernandez

Anónimo dijo...

¿ Que te cuento? ¿ Que te digo?. Nostalgia,llanto, risa, desesperanza, conformidad, como dolio aquel primer amor.

Alberto

Anónimo dijo...

Yo también he pasado muy buenos momentos en el cine, y la verdad dá pena k lo cerrarán, se kedabas en la puerta del cine un buen rato antes y sin parar de reír. K tiempos tan buenos

Chelo Villarin Recio

rafael dijo...

Sí, compañero.. la vida sin duda sería más fácil sin amores apasionados.. pero, ni sería vida ni na..

Saturnino Caraballo Díaz dijo...

EL DESCUBRIMIENTO DEL CINE

Fue un descubrimiento magnifico y deslumbrante
igual o parecido al hallazgo del Atlante.
El anillo mágico que todo lo curaba,
igual nos pasó cuando el local se iluminaba.
Allí frente a nosotros estaba la pantalla
y que desvelaría el secreto cuando estalla.
Después de la sorpresa sonó una campanilla,
con luces que se apagan y al fondo algo que brilla.
Brotó la música, y tierras verdes y feraces,
y un tropel de guerreros agrestes y rapaces.
Fiordos entre angosturas,y muchos grandes barcos,
y un mar azul intenso, con diosas en los marcos.
Y nosotros niños de tierra adentro, allí el mar
tornasolado, e inmenso, incitando a mirar.
Grandes aguas mecidas por corrientes tranquilas,
igual que en nuestros prados sonaban las esquilas.
Después vimos saqueos,incendios violaciones
compasión, y un amor, y una ambición desmedida
el vuelo de un halcón, y en la popa ejecuciones
y grabamos indeleble:¡que así era la vida!

Saturnino Caraballo Díaz
El Poeta Corucho

Anónimo dijo...

Pues no he visto películas yo ahí ....ufff

Juan Carlos Crespo Mayoral

Anónimo dijo...

¡Que empiece ya,
que el público se va, etc.! 😂

JGabriel Storch de Gracia

Anónimo dijo...

Me a encantado muy bonitos esos recuerdos

Pilar Calvo Villarín

Pedro Alfonso dijo...

Muchas gracias Pili

Anónimo dijo...

Preciosos recuerdos gracias Pedro.

Carmen Frontelo Morales

Pedro Alfonso dijo...

Muchas gracias Carmen.