El Molinillo

El Molinillo
Ver desde dentro el problema y el abandono sería lo mejor que podría pasar para que la sensibilidad de todos se uniera y por una vez el sentido común sirviera para recuperar esta joya de nuestro pasado y nuestra cultura.

Vidrios de Cadalso

Vidrios de Cadalso
La producción de los hornos de Cadalso tiene éxito en origen por la simplicidad de la decoración y de las formas. Muchas de éstas son tradicionales, y fueron anteriormente usadas por la orfebrería. Más tarde durante los siglos XVI al XVII se ven influidas por las venecianas.......

martes, 27 de agosto de 2013

Sensaciones en Rota. Cádiz (II)

    
     Gaviotas, por tierra, mar y aire




Es otro día, la playa sigue estando vacía, la gente parece no querer disfrutar del airecillo fresco y del calor suave que cada día proporciona la estancia en este bello lugar de Cádiz.
Es tarde, el sol calienta bastante menos y en unas horas desaparecerá por el horizonte marino, parece que se hundiera en el mar y que las aguas que arrastran las olas se tiñeran con el color amarillo que desprenden sus rayos, para más tarde irse convirtiendo en un rojo anaranjado que inunda todo y convierte el lugar en una imagen de enorme belleza paisajista.



Pero esto será más tarde, ahora son protagonistas las gaviotas, esos animales tan esquivos que apenas se dejan acercar, y que siempre acompañan a los bañistas en todas las playas de nuestra querida España y en los puertos pesqueros donde la distancia no las incomoda y donde se dejan dar hasta de comer, curioso.  Es siempre o casi siempre al atardecer, cuando ya el sol se comienza a desdibujar en el horizonte, cuando el calor es mucho más suave y delicado, y la playa se queda vacía de gentes y sombrillas, de ruidos y olores a broceados y quisquillas, cuando las gaviotas comienzan a aparecer. Al principio lo hacen sobrevolando longitudinalmente la orilla, sin apenas posarse, pero observando desde allí arriba cada lugar milimétricamente, son hábiles y observadoras, todo lo ven y todo lo comprueban antes de planear y dejarse caer sobre la arena.




Hace rato que las vengo observando en la lejanía de esta inmensa playa, creo que ahora es el momento de acercarse e intentar que se acostumbren a mi presencia, tal vez extraña para ellas, aunque no creo que mucho, saben de nosotros los seres humanos bastante más que nosotros de ellas.




Poco a poco la distancia se hace más corta, ellas corretean por la arena y despegan en vuelo rasante para dar un enorme rodeo y volver a posarse, yo apenas me muevo, las espero y disparo una y otra vez, es tan maravillosa esta situación, que por momentos me parece estar dentro de la bandada, vuelo con ellas, inicio el vuelo y junto a ellas recorro la playa para volver a dejarme caer hasta el suelo, siento la arena y el revoloteo junto a mi, es como si me rodearan, pero no, yo estoy al lado, separado por una pequeña distancia que es la idónea para que ellas no se sientan agobiadas, vigiladas y en peligro.


En la arena, en pleno vuelo o casi rozando el agua, estas palmípedas de plumaje blanco y ceniciento, provistas de un pico ganchudo que las sirve para cazar peces en el mar, me tienen embobado y absorto ante tanto espectáculo aéreo que no me doy cuenta  que ya el sol se está poniendo, que la playa está  quedando más vacía de lo que ya estaba y que tengo que recoger y despedirme de mis amigas de la costa para volver al hotel.




No recuerdo cuanto tiempo paso así, una hora o tal vez dos, el tiempo pasa siempre muy rápido cuando estás disfrutando de algo, y yo ahora mismo estoy gozoso y divirtiéndome con esta situación que me retiene sin apenas darme cuenta y me tiene enganchado.

 

Una última mirada me sirve para darme cuenta que todavía algunas siguen ahí, pero la mayoría ya van remontando el vuelo y en enormes bandadas retirándose a sus lugares de reposo nocturno.

Mañana seguirán aquí disfrutando de la playa, yo también seguiré mirando sus frenéticos y acrobáticos vuelos sobre el mar y la arena, pero mañana he decidido que mi vista se deleite con la puesta de sol, así lo haré y dejaré constancia con tantas fotos como sean necesarias, y luego cuando el sol haya desaparecido ocultándose bajo la línea del mar y las gaviotas se hayan retirado a pasar la noche, yo también seguiré el mismo camino, el que cada día me lleva a la noche y al calor del hotel.

 

Zorro Corredero
Fotos: Archivo Fotográfico Pedro Alfonso


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Gran relato con esas gaviotas que parecen estar ahí.

Mariano

Pedro Alfonso dijo...



De nuevo muchas gracias Mariano.

Un saludo
Pedro