Raquetas

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Esperando que la nieve vuelva, ya queda menos.

Majalcobo

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miércoles, 13 de marzo de 2013

Viñas en la sierra de Lancharrasa, las más altas de Cadalso

 
 
La mañana estaba fría, hacia sólo unos días que la nieve había hecho acto de presencia en Cadalso, pero tras una nevada que blanqueó todo el término, la lluvia llegó rozando el ocaso y desdibujando el blanco de esas pinceladas que la naturaleza tan sabiamente sabe proporcionarnos.

 
 


 
Habría elegido un camino cualquiera de Cadalso, siempre me da igual este o aquel, todos los caminos te llevan a lugares cargados de sentimiento que a veces pueden producir pena por la ausencia de las personas queridas, pero también siempre todos estos caminos te llevan a la grandeza y la belleza, que muchas veces nos proporcionan una cierta armonía que nos inspira admiración y deleite.

  

 Pero esta vez, pensando que tal vez habría nieve, tomé rumbo a la carretera de las Rozas y elegí un bello camino que pasado el Chorrillo asciende ladera arriba, dejando a los lados viejas y cuidadas viñas que con el fondo del Valle del Tórtolas y la cima, esta si nevada, del Cerro Casillas, nos pueden hacer sentir en todo momento el placer de disfrutar de un excelente paisaje que se pierde en el horizonte nevado, y que más arriba da paso al ahora pelado castañar.
 
 


Sólo en las umbrías se ha conservado la nieve, que parece querer resaltar las cepas con su color, umbrías donde apenas llega el sol, pero que con el vecino arbolado sirve para evitar esas heladas nocturnas de invierno con a veces consecuencias terribles para estas altas cepas.

 
Hace años, cada mes de junio, cuando el sol ya ha había coloreado las rojas guindas y su sabor se encontraba en su mejor momento para comerlas, solía subir por este camino arriba hasta llegar a unos enormes guindos que pertenecían a segundo "El Chiqui", y que cada año se llenaban de rojos frutos de apreciado sabor. Subíamos andando con las cestas y una vez allí, bajo los dos grandes guindos, llenábamos nuestras cestas y regresábamos con ellas una vez tapadas con ramas de helecho. Pasaron algunos años y ante la dificultad de Segundo para ascender a tal elevados guindos, lo hacíamos en coche, luego la edad y todo lo que ello acarrea, fue suficiente para abandonar esta costumbre. Hoy los guindos apenas dan frutos y el abandono va haciendo mella en ellos, tanta que apenas en unos años habrán desaparecido.



Viejas paredes, construidas por manos de cadalseños, delimitan algunas de las viñas que encontramos, son los últimos vestigios de un pueblo entregado a la agricultura, son el pasado de años de esplendor y trabajo, y son hoy unas bellas estampas que nos han dejado aquellos hombres y mujeres de ayer para que todavía nosotros podamos disfrutarlo. Pero si todo sigue así, llegará el día en el que paredes, cepas, pozos y guindos habrán desaparecido, aunque es cierto que siempre nos quedará eso fondo del paisaje, con las montañas nevadas de Casillas y el más cercano Valle del Tórtolas acompañando a nuestra sierra de Lancharrasa.


 
Es facil llegar hasta aquí, es aconsejable hacerlo porque merece la pena y es todo un placer sentir el encanto de este paraje de montaña, donde las cepas se hermanan con los pinos, robles y castaños.
 
  
Zorro Corredero
Fotos: Archivo Fotográfico Pedro Alfonso

5 comentarios:

Miguel Moreno González dijo...

Con que belleza sentimental describes la hermosura de nuestra tierra. No te falta ese poso de melancolía que lo hace todo más real, más conmovedor, más efímero, más triste... "¡Tanto penar para morirse uno!" Sentenció un tocayo.

Anónimo dijo...


Con que conocimiento y sensibilidad por lo nuestro documentas cada imagen.

Infinitamente gracias.


Inés

Pedro Alfonso dijo...

Cuando uno ama lo que le rodea y siente como suyo la vida que fluye alrededor, es fácil dejarse llevar y hacer las cosas sencillamente bellas.

Muchas gracias Miguel e Inés.

Un abrazo.
Pedro

Angela CM dijo...

Bonitos paisajes. Da gusto da ver estas viñas trabajadas, por desgracia veo cantidad de ellas avandonadas en otros lugares.
Saludos

Pedro Alfonso dijo...

Es cierto Ángela que se agradece mucho ver las viñas arregladas, y aunque se han abandonado muchas, noto últimamente como si volviera a renacer una parte de este campo.

Un saludo.
Pedro