San Antón

Abedular de Canencia

miércoles, 27 de marzo de 2013

Piedra y agua, refugio y vida de otro Cadalso


El agua fresca de la noria y esos dos botes, curtidos por años, nos incitan a beber.


Durante muchos años el campo y las viñas fueron el lugar alrededor del cual giraba la vida y el día a día de los cadalseños. Los hombres se dedicaban casi por completo a trabajar las viñas, los huertos, y todo lo que rodeaba estos lugares. Hoy, años después las viñas agonizan, pero siguen siendo el referente y las imágenes que todavía nos quedan de aquellos esforzados años.
No es difícil observar estas antiguas construcciones, admirar la belleza de su sencillez, la facilidad de su tosca construcción y los extraordinarios resultados que a día de hoy y con sólo un vistazo podemos comprobar. Es sencillo, todo se hacía con sentido común, sin apenas herramientas ni maquinas que aliviaran el trabajo, pero con una inteligencia adquirida de padres a hijos y con la seguridad de tener que realizar una obra que sirviera para siempre, cosa que sobradamente consiguieron.


Sólo un tronco viejo queda del tejado, las paredes aún aguantan el paso de los años de abandono, y ese puchero que tanta hambre sació permanece inerte ante el paso del tiempo.


Casas de piedra aprovechando los elementos naturales de la zona, situadas en lugares estratégicos que sirvieran para resguardarse de los fríos del invierno y de las tormentas primaverales, norias y pozos recubiertos con piedras una vez excavados a mano hasta llegar al manantial, paredes de contención realizadas piedra a piedra y hábilmente colocadas sin ningún tipo de argamasa, conducciones de agua para salvar la viña de posibles inundaciones o encharcamientos, son algunas de las obras que aquellos hombres y mujeres de Cadalso realizaron y nos legaron para siempre.

 

 
Es una pena que muchas veces no sepamos admirar estas obras y por desidia se vayan abandonando, pero parece que es lo que hoy toca y no se puede evitar. No obstante, si podemos todavía admirar muchas de ellas y de alguna forma, dar las gracias a todos los que fueron capaces de dejarnos este legado en forma de arte natural y piedra.

Hoy, cuando se descubre algún poblado o vestigio de otras civilizaciones, todo el mundo se admira, debe ser  que debemos dejar perder lo que todavía hoy es recuperable para que pasados unos cientos de años, alguien lo encuentre medio enterrado y la gente alucine con esta casa, noria o lo que sea. Pues digo yo, si hoy es recuperable por qué lo dejamos abandonar para luego recuperarlo cuando ya sólo queden restos.

 
 
 
Así nos pasó con el Camposanto Viejo, que a pesar de intuir que aquello estaba desapareciendo nadie hizo nada, hoy tenemos las Cuevas del Pilar y el Molino del arroyo del Molinillo, ahí están y nada de nada por parte de nadie, seguramente estarán esperando a que desaparezca casi todo para luego desenterrar las cuatro piedras que hayan quedado y seguidamente abrir los yacimientos arqueológicos de estos lugares.




Si aún estamos a tiempo, por qué dejar que el tiempo nos quite lo que todavía los siglos nos han dejado?


Piedra a piedra, brazo con brazo, el duro trabajo dio su resultado, sólo hace falta observar esta perfecta canalización para sentir la belleza y el arte de los artistas cadalseños de ayer.


Y digo yo, por qué no se forma un grupo de voluntarios dirigidos y apoyados por el Ayuntamiento, para recuperar las cuevas y el molino? Seguramente no sea posible, estas cosas dependen de Patrimonio y no merezca la pena restaurar, que cosas, es mejor dejar que desaparezca y luego asignar una enorme partida de euros para que un grupo de arqueólogos venga y lo descubra…. lo descubran?   Si, lo descubran y le pongan un nombre mono con lo de yacimiento delante, para que este o aquel se lleve los honores.




Que pena, que rabia y que ganas de tirar por la calle del medio….o no?



 
Zorro Corredero
Fotos: Archivo Fotográfico Pedro Alfonso

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Existen tantos rincones en Cadalso llenas de historias y recuerdos que recorrerlos debe ser toda una experiencia.

Gracias por todo.

Inés

Pedro Alfonso dijo...



Tienes razón, cada lugar, cada rincón de nuestros pasado relacionado con los nuestros, es algo maravilloso que siempre te llenará de sensaciones placenteras.

Un saludo
Pedro Zorro Corredero