Arroyo de las Culebras

Arroyo de las Culebras
En el año 2010 apareció en el Zorro Corredero una serie titulada "Nuestros Arroyos". Entra para ver y leer sobre el Arroyo de las Culebras.

Rutal del Bosque de Navahondilla

Rutal del Bosque de Navahondilla
Cuando la primavera alcanza su máximo esplendor, cuando los campos se tiñen de verde y las temperaturas animan al paseo, es la mejor época para realizar esta fácil y sencilla marcha, por este lugar lleno de sorpresas y cargado de emociones.

jueves, 26 de mayo de 2016

La Sierra de Cadalso. Flores de Lancharrasa. ( Parte 2ª )


Flores de Lancharrasa

A la Sierra se va a mirar, a observar y a disfrutar, cualquier día es bueno, aunque los hay más claros y calurosos a veces no son los mejores, todo depende de cómo lo vivamos y lo asimilemos. La primavera llega cada año, la cumbre se llena de coloridos jacintos, tantos que llaman la atención, pero a medida que ascendemos encontramos otras plantas como violetas, dientes de león .........todas nacen para nosotros cada año, son parte de nuestra naturaleza y por lo tanto tan cadalseños como el que más. Existen muchas más, estas son sólo una muestra de lo que nos podemos encontrar, pero si miramos detenidamente  veremos que el suelo está salpicado de muchas de ellas, creando un colorido maravilloso y vistoso que nos acompañará durante todo nuestro recorrido.



    Jacintos en la cumbre de Lancharrasa.

                         Jacinto salvaje.


    Botón de oro.

    Geranio. Alfilerillo de pastor.
 
    Violetas.


    Diente de León.


    Jacinto

    Ranúnculo. Bola de oro.

    Flor de la retama

  
Zorro Corredero
Fotos: Archivo Fotográfico Pedro Alfonso

miércoles, 25 de mayo de 2016

La calle de la Iglesia, relatos heredados.




La calle de la Iglesia, relatos heredados


La calle de la Iglesia se alza como la enseña de Cadalso, desde la Plaza a la Fuente es dueña de cientos de años y de historias, de momentos interiores vividos y rememorados. A un lado la iglesia, al otro el Callejón, más adelante la Casa de la Inquisición desde donde ya vemos el Palacio, la fuente de los Álamos y la Sierra, todos nombres y lugares añejos que siguen madurando en las mentes de nuevos cadalseños, retomando la antigüedad de relatos que se siguen heredando de aquellos que pasearon su juventud por estos mismos  paisajes.



Zorro Corredero
Fotos: Archivo fotográfico Pedro Alfonso


martes, 24 de mayo de 2016

Ruta del Bosque. Navadondilla ( Ávila )


Ruta del Bosque. Navahondilla





Salida a las 8,30 de la gasolinera de Cadalso
El viaje se realizará en nuestros propios coches. Hay que apuntarse antes del viernes para saber los coches necesarios.


Marcha circular practicamente llana con una duración de tres o cuatro horas. Apta para todo tipo de personas.



La salida se hace desde el vecino pueblo de Navahondilla, se puede dejar el coche en la plaza y descender hasta la iglesia donde tomaremos un amplio camino de tierra que nos llevará hasta la zona conocida como el Bosque.

Pronto comenzamos a ver un bosque plagado de castaños, robles, encinas, sauces y alisos, siempre con el fondo de la cumbre del Cerro de Casillas.

En apenas media hora desde la salida, llegaremos hasta un lugar extraño pero a la vez lleno de misterio, por cierto aun sin resolver, me refiero a unas ruinas que por los restos parecen ser parte de un monasterio. Ventanas, paredes, y lo mejor conservado, una portada de suntuosa arquitectura, nos harán pasar un buen rato recorriendo y observando el lugar.

Buenos prados en los que pastan reses, nos rodean por todas partes, es este como ya he dicho otras veces, un lugar significativo en el pasado de Cadalso ya que aquí han pastado durante muchos años las reses bravas de los ganaderos cadalseños.
En el último tramo pasaremos por el famoso Ventorro y nuestros pasos coincidirán con la Cañada Real Leonesa Oriental


Zorro Corredero
Fotos: Archivo Fotográfico Pedro Alfonso

lunes, 23 de mayo de 2016

La Sierra de Cadalso. Paisajes de Lancharrasa. ( Parte.1ª )


La Sierra de Cadalso. Paisajes de Lancharrasa

Subir a la Sierra de Cadalso y coronar la cima de Lancharrasa no es muy común, es cierto que a todos por aquí les gustaría, pero también es cierto que pocos lo han hecho. Hoy vamos a subir a la montaña más alta de Cadalso, el techo de nuestro pueblo, un lugar que aunque modesto en altura, no deja de ser un espacio lleno de naturaleza y enormes vistas. Estamos en primavera, la niebla ha hecho acto de presencia, otorgado un poco más de belleza al paisaje que a medida que ascendemos nos vamos encontrando, aquí no hay niebla, pero abajo en el Valle del Tiétar los pueblos aparecen borrados y sólo al llegar al querido pueblo de Rozas de Puerto Real, la concentración nubosa deja ver algunas casas y su iglesia, es sencillamente espectacular, porque os puedo asegurar que hay muchísimas montañas y lugares más grandes, bellos y altos que este, pero ninguno es tan nuestro, tan cadalseño y roceño como en el que nos encontramos. 
Atravesamos prados verdes y jugosos para el ganado, sendas rodeadas de robles, nos encontramos con algunos árboles de enorme porte, pinos, castaños, robles, encinas, cerezos y hasta algún protegido Arce de Montpellier, fascinante lugar.
Casi arriba nos sorprende la famosísima y desconocida Fuente Techá, un manantial de agua fresca que brota a más de 1000 metros de altitud, y que en su día sirvió a través de una complicada canalización para que las gentes de Cadalso tuvieran agua, luego se fue perdiendo, canalización y fuente, y al final se abandonó, hoy la piedra que la cubría, de ahí lo de techá ( techada ) yace en el suelo y aunque me hubiera gustado colocarla de donde nunca debió caerse, es difícil por su peso. Pero debemos continuar y dejar atrás la fuente, sólo faltan unos pocos metros para llegar a la gran piedra que da nombre a la Sierra, para ver Cadalso abajo, para sentir nuestra tierra y nuestra gente de ayer y de hoy aquí junto a nosotros, porque no hay un lugar en todo Cadalso donde te sientas más cadalseño que aquí, sí, más que en la tan visitada Peña Muñana.
La Sierra de Lancharrasa, nuestra Sierra, también esconde una flora silvestre de particular belleza, plantas que abajo vemos menos y que aquí disfrutan de otro ambiente y clima más propicio, pero hoy no es día de flores, ahora toca mirar, empaparse de paisaje, disfrutar y observar como la vida continua allí abajo, así desde hace siglos y siempre con este imponente mirador de las tierras de Cadalso que es la Sierra de Lancharrasa.

Disfrutad de paisaje que ya vendrán las flores y la cumbre.


    Las Cabezas de Rozas   

    Un gran roble nos indica la entrada.

    Una amplia senda entre los robles es el comienzo.

    La niebla inunda el valle, Rozas de Puerto Real despierta a la primavera.


    Las Rozas entre robles y niebla.   

    A medida que se coge altura las montañas del Alto Tiétar aparecen ante nosotros. 

    Las Rozas aprapada por la niebla, una imagen cautivadora.

    Seguimos subiendo....

    Ante nuestra vista aparece el Cerro Guisando 

    La Fuente Techá (Fuente Techada)

     La piedra que techaba la fuente lleva muchos años en el suelo, aqui parece más pequeña, pero es grande y pesa demasiado, pero al menos hemos realizado una recostrucción virtual.




    Cumbres del Valle del Tiétar




La mirada se pierde en el cercano Cerro de Casillas, el paisaje se llena de vida y color acrecentado por la niebla primaveral, todo es bello y cercano en Lancharrasa


   Y abajo Cadalso custodiado por su Peña Muñana.

Una vista desde el Cerro Guisano a la Peña Muñana nos sirve para apreciar la grandiosidad de nuestra    tierra, tan cerca y tan amada, pero a veces tan desconocida.   
 

Zorro Corredero
Fotos: Archivo Fotográfico Pedro Alfonso

viernes, 20 de mayo de 2016

El sueño infinito de Palacio




El sueño infinito de Palacio



Los cadalseños regresan al sueño del Palacio a lo largo de unas horas, tal vez de días, luego se les vuelve a olvidar y todo entra de nuevo en calma, en el olvido, haítos del tema se entregan al sueño difuminado de la algarabía y la música que aquí debería sonar, pero que jamás lo hace.

 Ellos han perdido la conciencia, borran las imágenes del pasado, extravían las huellas de nuestra historia, nos desconectan, pero la inquietud de un pueblo no pierde el destino, y aunque desorientado incrementa las ganas de ver y sentir lo que la historia nos regaló y otros siempre nos han negado.




Zorro Corredero
Fotos: Archivo Fotográfico Pedro Alfonso

jueves, 19 de mayo de 2016

Cuál de estas fuentes es la cadalseña de la Peluquera?



Seguro que más de una vez has estado en la fuente de la Peluquera. Recuerdas cómo es? Es muy fácil para cualquiera que sea de Cadalso, así que decide y dinos cuál de todas estas fuentes es la de la Peluquera, Sólo una es la auténtica, aunque  la verdad es que algunas son muy parecidas. 




Premio: Los 2000 primeros acertantes recibirán el pin de oro del Zorro Corredero, los 2000 siguientes el de plata y los 2000 últimos el de bronce. Los que no acierten tendrán que visitar la fuente de la Peluquera tres veces y cantar el "Ya no voy contigo al Venero, cantando, navegando, navegué" en voz alta.



Zorro Corredero
Fotos: Sólo la de la Peluquera.

miércoles, 18 de mayo de 2016

HISTORIAS DE AMOR Y DE CINE EN CADALSO Y FRENTE AL MAR





(A Paloma… Y a ellas. Inspirado en los guiones de las películas de José Luis Garci)


HISTORIAS DE AMOR Y DE CINE EN CADALSO Y FRENTE AL MAR



¿No os acordáis? Siempre era primavera en aquellas sesiones continuas de cine al atardecer, en esas películas donde las mujeres parecen olvidar y los hombres siempre recuerdan como si estuvieran dentro de una fotografía. Aparecíamos en la calle con un repentino optimismo, con una euforia desconocida, con ganas de caminar sin rumbo toda la noche, charlando por los codos, locos de abril, resucitando los crepúsculos rojizos de aquellos primeros besos con sabor a arrebato y a emoción, cuando hacíamos primero de amapolas y penúltimo de adolescencia, añorando los jerséis anudados a la cintura del país de las vacaciones, con una brizna de hierba en los labios y dibujando mayo en la mirada y septiembre en el corazón. Se nos aparecían entonces los primeros cubatas del estío que nos animaban a bailar las lentas en los guateques con tu cara pegada suavemente a un sueño. No me digáis que no vivíamos todos dentro de una película panorámica. Lo que no es nostalgia es imitación, decía un guionista de esas películas.



Salíamos del cadalseño Cine Condestable desenterrando el hacha de esa guerra de melancolía que, ¡ay!, yo nunca he superado. Te brotaba tontamente cuando te hacías el encontradizo en la calle con la chica que te gustaba y ella ni siquiera te miraba, aquélla a la que le salían al reírse unos hoyitos en las mejillas pasaba cruelmente de ti. Pero, en cambio, tú seguías abrigando esperanzas; jamás olvidaste el día en que fue castigada por sus padres a no salir, quién se acuerda hoy del motivo por el que no la dejaron ir a aquel baile con la pista circular rodeada de aligustre de La Alegría de la Huerta. Eran las Fiestas del Cristo y fue la noche de los fuegos artificiales (de la Pólvora), la noche de los puestos de los tostoneros en La Plaza, la noche de los coches de choque, la noche del tiro al blanco con una escopeta de perdigones que tenía el punto de mira un poco desviado para que no le atinaras a las bolas de anís de colores, la noche en la que todos corrían, gritaban y sonreían cuando descargó la tormenta de todos los años, la noche, en fin, que armado de valor superaste las dudas e ibas a decirle a aquella muchacha (que olía a felicidad) que la querías para siempre porque tu futuro pasaba por su corazón. Tampoco la viste ningún mediodía de la Función en aquellos clásicos Bailes del Vermut en La Huerta de Cañardo… Con el tiempo su silueta acabó difuminándose como tantos seres queridos de entonces…



Veréis, cómo os diría yo, cien años después me encontré con una mujer. Yo estaba ligeramente triste, llovían aquel anochecer gotas de abatimiento y permanecía replegado en mí mismo intentando descifrar el secreto de mi vida. Se llamaba… Qué importa. Era dulce y romántica y con su mano acariciaba la mía cuando observábamos emocionados desde la playa el pendular de las estrellas colgadas del cielo. Me parece que no era muy alta pero sí muy bonita y tenía un temblor en su mirada que me delataba que era tímida y misteriosa. La conocí en el horizonte de una atardecida salada de verano, un atardecer en el que nos pusimos los cascos de guerra y sin tregua y desconsolados nos acuchillamos de amor. Me hablaba frente al mar de su encanto desconocido y a lo mejor, ahora, todavía me quiere cuando me recuerde mirándole al ocaso. Una mañana la esperé en vano. Desapareció en silencio sin anunciarme su partida. Sufrí mucho y no tuve tiempo para descubrir si era cierto lo que decía el viejo Sócrates, aquello de que el amor era lo único que comprendía. No pude averiguar si me habría corregido al observar que había dejado la ropa abandonada junto a la pena y a los zapatos la noche anterior, nunca supe si nos habríamos amado los atardeceres sobre la marea, si me hubiese seguido acariciando mi pelo ondulado como aquella tarde que llovía tanto y ululaba el viento contra la ventana…



A veces retrocedo a ella, a esa borrosa zona del tiempo donde la memoria ríe con escozor y devasta el ánimo mientras negocias con los recuerdos para que no te hieran. Fue para mí la verdadera historia de amor, aquélla que nunca termina por sí misma porque continúa flotando, esa que no ha sufrido el contagio de la rutina ni el desgaste de la convivencia, esa que nos consuela a quienes libramos grandes batallas de pasiones cabalgando sobre Rocinantes por los campos de las imaginaciones más hermosas. Son combates de los que salimos malheridos, zombis perdidos que sufrimos la ausencia de luz por todas las esquinas del corazón porque, a diferencia de lo que pensaba Sócrates, no se comprende fácilmente el amor. El que ama no está libre de zozobra. A pesar de todo, seguiré esculpiéndome en el pecho esa frase de Manuel Alcántara: Desde que sé que tu aliento se ha quedado por el aire, estoy bebiendo los vientos. Y es desde entonces -más o menos- que estoy tocado por una historia de amor que no he podido quitarme de encima. Y me iré con ella. Los amores no viven ni mueren, sólo flotan eternamente.

                             Miguel Moreno González

martes, 17 de mayo de 2016

Peñalara, esta vez con cima.



Peñalara, esta vez con cima y mucho aire.





Este año la nieve llegó tarde, muy tarde, tanto que los primeros meses de invierno no la vimos por todo el Guadarrama, pero a partir de febrero la cosa cambió y se cubrieron todas las cimas de una espesa capa, en algunos sitios una gran acumulación de nieve que se ha mantenido hasta bien entrada la primavera. 

Esta vez nuestro destino era llegar al refugio Zabala y luego ya veríamos, pero al pasar junto a la primera pala que se forma a la derecha de Dos Hermanas, decidimos subir esta pequeña pala y disfrutar de la nieve primaveral. Abandonamos el camino que lleva al Zabala y emprendemos la subida hasta la cuerda, nos ponemos los crampones, sacamos el piolet y a disfrutar de esta corta ladera de nieve que apenas supera los cien metros, tal vez un poco más y que nos situará en la cuerda que lleva al Peñalara. 

El desnivel no creo que sea superior a los 35º pero es suficiente para practicar un poco y sentir algo más de la montaña que no sea un simple paseo. Poco tardamos en plantarnos arriba, donde el buen tiempo de la cara sur se convierte en un aire violento y frío que nos obliga a tirar de chaqueta y algo más. Otra vez nos vemos subiendo al Peñalara, la cumbre más alta del Guadarrama con sus 2428 mts de altitud, por la subida normal, es decir, siguiendo la cuerda que une Dos Hermanas y Peñalara. Hasta coger la cuerda la temperatura era buena y del viento ni rastro, pero nada más salir de la cara sur el viento es cada vez más fuerte y frío, aunque no se note en las fotos, lo que nos obliga a descender un poco hacia la vertiente segoviana, que aunque sigue soplando no es ni mucho menos igual que en la cuerda. Justo pasadas las cornisas que se forman en la Canal Central tomamos esta decisión, que nos llevará hasta casi el collado de Peñalara con Claveles, desde donde ya subiremos a la cumbre de Peñalara, solitaria y poco acogedora en esta ocasión.
Unas fotos y enseguida volvemos para abajo, ahora ya siguiendo la cuerda y aguantando el aire. Abajo nos espera un día mucho más apacible y un café caliente en Marcelino.


    El sol de primavera acaricia la norte de Cabezas de Hierro.

    Camino del refugio Zabala.
 

 



    Justo delante de la pala que vamos a subir.

    La corta y agradable pala.
  
    Primeros pasos.


    En la mitad de la subida.
 
 
    La salida se vuelve un poco más inclinada, pero sólo eso, un poco.


    Y al final la cuerda y el aire.

 
    Subiendo a Peñalara con las Cabezas de Hierro como fondo.


 
    Pasando por las cornisas

     

                            Acumulación de nieve cerca de Peñalara.

 
    Los pueblos de la vertiente segoviana con Segovia al fondo.

    Ascendiendo a Peñalara por su ladera norte, con menos viento.

    Risco de Claveles.   

    La cumbre, hoy sin gente.


    Cumbre de Peñalara.

    Cornisas de Peñalara.

    El refugio Zabala.

    La Laguna de Peñalara en pleno deshielo.  

    El viento forma estas curiosas cuevas de nieve.


    Descenso cerca de Dos Hermanas.

    Bajando a Cotos con el Montón de Trigo y las cumbres de la Mujer Muerta al fondo.

    Abajo Cotos está sin coches y sin nieve.

    El flamante chalet del Alpino, hoy arruinado y en venta.   

    Un café caliente en Marcelino.

Zorro Corredero
Fotos: Archivo Fotográfico Pedro Alfonso