El arroyo Tórtolas y su valle.

El arroyo Tórtolas y su valle.
Nuestro valle más emblemático.

Visita a las tumbas visigóticas de Prao Porrilla

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viernes, 24 de mayo de 2013

Don Luis de Borbón, un cardenal hijo de otro cardenal.





                                                  Texto de presentación de la charla

 Don Luis María de Borbón (1777-1823) nació en Cadalso de los Vidrios, hijo primogénito del matrimonio desigual entre el Infante Luis Antonio de Borbón y la noble aragonesa María Teresa de Vallabriga. Tras la muerte del Infante el niño Luis María se educó en Toledo a la sombra del eminente cardenal Lorenzana. Protegido por Carlos IV y su favorito Godoy, el ya joven fue promovido a las dos principales mitras de la Iglesia española, Sevilla y Toledo; en 1799 fue distinguido con el título de cardenal. Durante la Guerra de la Independencia desempeñó un papel protagonista, al ser el único miembro de la familia Borbón residente en territorio español. Exiliado en Cádiz, asumió las ideas liberales, apoyó la Constitución de 1812 y fue uno de los pocos prelados partidarios de abolir la Inquisición. Esta sintonía con el mundo liberal le posibilitó ser presidente de la Regencia entre 1813 y 1814. Tras la vuelta de Fernando VII el cardenal Borbón cayó en el ostracismo; sólo en 1820 el nuevo triunfo de la revolución liberal le devolvería al primer plano de la vida política, primero como presidente de la Junta Provisional Consultiva (1820) y luego como consejero de Estado. Aunque sostuvo públicamente la Constitución de Cádiz, el cardenal se distanció de las versiones exaltadas del liberalismo. Debilitado y enfermo de gota, murió en Madrid en 1823 coincidiendo con la entrada en España de las tropas de la Santa Alianza, lo que le salvó de la feroz represión que acompañó la vuelta al absolutismo de Fernando VII.

 CARLOS RODRÍGUEZ LÓPEZ-BREA es licenciado por la U. de Castilla-La Mancha en 1992, con Premio Extraordinario, y doctor por la U. Autónoma de Madrid en 1999, también con Premio Extraordinario. Amplió sus estudios en Roma y Urbino, becado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas y el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

Desde el curso 2004-2005 es Profesor de Historia Contemporánea en la Universidad Carlos III de Madrid; imparte su docencia en las Facultades de Ciencias Jurídicas y Sociales y de Humanidades, Comunicación y Documentación (campus de Getafe). Ha participado en varios proyectos de investigación financiados por las administraciones públicas, por ejemplo “La configuración en la esfera pública en la España contemporánea, 1868-1931, “Catolicismo y laicismo en la España de entreguerras, 1919-1939, “Fuentes para la historia del franquismo y de la Transición democrática en España: análisis del archivo privado de Joaquín Ruiz-Giménez (1945-1987)”. En la actualidad es colaborador científico de los proyectos “La restauración social-católica en el primer franquismo, 1936-1953 y "La protesta política en la España de los años treinta: continuidades y rupturas", ambos financiados por la Subdirección General de Proyectos de Investigación.

Es autor de varios libros y de artículos de investigación en las principales revistas científicas españolas; los dos últimos "La Constitución de Cádiz y el proceso revolucionario de las Dos Sicilias, 1820-1821" (Historia Contemporánea) y "El "Viva la Pepa" traspasa fronteras: los retoños de la Constitución de Cádiz" (Revista de Historiografía). En 2002 vio la luz su libro Don Luis de Borbón, el cardenal de los liberales (1777-1823).


Nota: Si estás interesado en recibir información sobre el Aula de Historia 2013, remite un correo electrónico a la dirección del coordinador del Aula, José Luis de Acuña Reig: jl.acuna1959@gmail.com, indicando tu nombre y, si además quisieras recibir alertas sobre las charlas, tu número de teléfono móvil.

 

Mámoles de Sayago ( Zamora )




Mámoles de Sayago es uno de esos pueblos que nunca están en la ruta que deseas hacer, pero que una vez que lo conoces te enamora y te atrae, hasta tal punto que te cuesta trabajo decir adiós cuando lo tienes que dejar.

 


Es esto exactamente lo que me pasó durante un viaje por Zamora en el que en un principio queríamos vivir y sentir sus famosas procesiones, visitar los Arribes del Duero y poco más. Esto es lo normal cuando uno visita Zamora, esto es lo que te atrae y lo que te cuentan que tienes que ver, pero no siempre en lo más famoso y llamativo está el encanto, a veces se descubren pueblos y lugares que te llenan y te embelesan hasta tal punto que te cautivan en todos los sentidos.

  

 

Mámoles es un pequeño pueblo de Zamora situado en la tradicional comarca de Sayago, hace frontera con Portugal y está dentro del Parque Natural Arribes del Duero, se encuentra a unos 57 km de Zamora y no tiene ayuntamiento propio, perteneciendo al termino municipal de Fariza.

Como casi todos estos pueblos de la comarca zamorana de Sayago, en los últimos años su población ha ido descendiendo. En la actualidad su población es de unos 37 habitantes que se reparten los 8,58 km cuadrados que ocupa la superficie de su término. En el año 2000 la población era de 48 habitantes y en 1950 llegaba casi a los 150, cantidades en las que se puede apreciar el descenso paulatino de sus habitantes.   

 

Pero si sus habitantes han descendido con el paso del tiempo, no lo ha hecho el atractivo de su entorno, la tranquilidad que te aporta el recorrer sus ancestrales y bellas calles, así como los caminos cargados de variada vegetación, destacando las encinas de gran porte y como no los pequeños huertos que todavía hoy son cultivados por las expertas manos de los mamoleños igual que lo hacían sus antepasados hace siglos, son alicientes que te atrapan, proporcionándote un estado de paz y sensibilidad hacia todo lo que te rodea.

 


En la zona occidental se encuentran los viñedos que se abrazan al río Duero y que producen unos excelentes caldos con fama en la zona, los cuales siempre han servido para el consumo familiar al ser pequeñas las propiedades donde se cultivan.

El vino de Mámoles como es conocido en la zona se elabora principalmente con la variedad garnacha y malvasía. Son vinos con cuerpo y al graduación, como pude comprobar al catar el elaborado por José, un mamoleño enamorado de su pueblo y de su tierra.

 


Una de los mayores atractivos de Mámoles, así como de todo el Sayago son las construcciones populares. Desde siempre y dado el aislamiento de la comarca se han utilizado los materiales más abundantes en la zona, como son la piedra y la madera, que con el saber popular transmitido desde hace siglos ha sido la base para la construcción de casas, paredes de fincas, molinos, fuentes, chiviteros y potros.

 
    Potro de herrar

Típica escalera para subir al huerto.

 
Es curiosa la forma de construcción de las paredes de las fincas que se sustentan sobre unas piedras colocadas en vertical y clavadas en el suelo, llamadas hincones, en las cuales se apoyan el resto de piedras. Ni las paredes de las casas ni de las fincas tienen argamasa alguna y simplemente se utiliza la colocación de piedras en mampostería.

 


Las casas realizadas en piedra de mampostería conservan dinteles y preciosas cerraduras realizadas por expertos herreros, los corrales a los que se accede por unas grandes puertas de madera son grandes y espaciosos.
 
 

 
La casa suele ser de una sola planta con ventanas y puertas realizadas con piedra y madera, los tejados son de madera y teja árabe, aunque en el pasado también se utilizaba la escoba y la jara para la cubierta.





La iglesia es un espacio de recogimiento y soledad, si todavía cabe más en este silencioso y sosegado pueblo. El edificio es sencillo, destacando la espadaña de estilo románico en la que se apoyan dos campanas. El interior no puede ser más acogedor, con suelo de piedra conserva un pequeño retablo y un sagrario del siglo XVI.





Curioso es que en el momento de visitar la iglesia, la misa estaba siendo celebrada por una paisana de Mámoles.




 
Puentes y fuentes de piedra forman parte del arte rural de este pueblo, donde el agua es fuente de vida y por lo tanto debe ser tratado con el mayor respeto, me dicen que en verano el agua escasea, no así ahora donde los arroyos corren veloces.

 
Fuente y puente de Mámoles, de construcción típica sayaguesa.
 
Dejarse llevar por estas calles vacías y solitarias, entrar en la iglesia y sentir el acompañamiento de los pocos vecinos de Mámoles y a la vez esa soledad íntima que te hace escuchar tu corazón, observar las casas, sus puertas y ventanas tal como las construyeron hace cientos de años y notar la presencia de aquellas otras formas de vida es cuestión de segundos, todo aquí es serenidad y espacioso, todo esta cargado de historias y de vidas, todo es maravilloso en este lugar tan apartado de todo y que te inspira sensación interna de felicidad y paz.


 
 


Y si a esto, que no es poco, le añadimos la amabilidad de sus gentes, el sentimiento de querer agradar en cada momento y la sensación de amistad que te infunden y que siempre lo consiguen, puede decirse que aquí uno se siente feliz y dichoso, y esto en los tiempos que corren ya es mucho para sentir cariño hacia Mámoles y sus gentes, gentes que saben muy bien el sentimiento que les tengo y la amistad que en estos últimos años ha crecido en mi gracias a todos ellos.

 



Pero en la vida no todo es arte y fotos, también la comida llega al corazón y estrecha los lazos de amistad.
 



Todavía hay mucho más para ver y disfrutar en Mámoles, como por ejemplo el Molino de Serafín, pero esto ya será en otro post y en otro momento.

 
Molino de Serafín
Medio de locomoción para la próxima visita al molino de serafín.
 
 
Muchas gracias a Serafín, Elisa, Miguel, Maruja, José, Manolo, Chari, Marta y Javier, todos ellos de una extraordinaria calidad humana,  por su dedicación y atención a estos modestos turistas que disfrutaron con un exquisito placer de Mámoles, de sus gentes, viandas, vinos, y de esa queimada final que nos proporcionó el calor y la fuerza para terminar plenamente la jornada. De verdad gracias.


Queimada zamorana


Zorro Corredero
Fotos: Archivo Fotográfico Pedro Alfonso
 

jueves, 23 de mayo de 2013

Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de CADALSO DE LOS VIDRIOS



La iglesia está dedicada a Nuestra Señora de la Asunción de Cadalso y así esta escrito en una inscripción que existe en la cornisa. Se comienza a edificar en 1498 con parte de la muralla que rodeaba el antiguo Cadahalso. Consta de una sola nave de gran dimensión y varias capillas.
La campa, antiguo camposanto adosado a la iglesia, está rodeada con una pared de piedra y terminación en bolas, de estilo herreriano, fue construida  por Juan de Acosta y Diego López en 1607 según una inscripción en dicha pared. El acceso a la iglesia se realizaba por la puerta sur y su adosado camposanto, hasta que en el siglo XIX este se llevo a su actual emplazamiento. El acceso al camposanto por la calle de la Iglesia tenía una entrada con escaleras que todavía se conservan, y una puerta de barrotes de hierro de excelente fábrica, que desapareció en una de las restauraciones, si a eso se le podía llamar restauración. Existían dos puertas más de acceso al camposanto, una a la derecha por lo que hoy es la calle Eternidad y la otra detrás de la casa curato. También existía otra puerta de acceso a la iglesia por su lado norte. Esta puerta aún existe, esta tapiada en su parte interior y se corresponde con la capilla donde hasta la última restauración estuvo la virgen de Fátima. Por fuera se puede ver el arco, aunque también el acceso a esta zona está cancelado con una puerta.

 
 
La torre de sillería tiene tres cuerpos y es de finales del XVI, fue realizada por Bartolomé de Elorriaga, maestro cantero que trabajo con Juan de Herrera en el Monasterio del Escorial. El último cuerpo donde se encuentra el campanario  ha sido restaurado en el actual siglo XXI con piedra de sillería, sustituyendo al existente de ladrillo y argamasa, levantado después de ser derribado durante las guerras carlistas.

 


La portada se realizada en 1547 es de estilo renacentista, está resguardada por un arco que cobija una bóveda de terceletes, nervios que en las bóvedas de crucería suben desde los apoyos uniéndose en el centro. Un arco de medio punto de orden jónico sobre el que se traza un frontón también de medio punto, alberga tres nichos que se encuentran vacíos. A los lados sendas columnas de estilo jónico, se apoyan sobre pedestales y se estrían  en el fuste hasta llegar al capitel. Una inscripción bastante borrosa situada a la derecha dice: “Se construyó en 1547 siendo mayordomo Díaz de Espinosa”.



 
En 1498 se comienza la construcción de la iglesia por la cabecera, terminando la cantería de la capilla mayor en 1565 por Sebastian Campero. Es muy probable que se terminara de construir en 1574 año en que se instauró el santísimo Sacramento.

La bóveda del presbiterio o capilla mayor de crucería es de estilo gótico tardío, posee nervaduras ojivales en piedra y se pueden observar las letras A. P. D. y coronas del marquesado de Villena. El las claves de los arcos hay labradas jarras con azucenas de factura renacentista.
 

 
 
En 1609 se realiza una restauración por el cabildo catedralicio de Toledo y en 1615 se coloca el último arco fajón, que sirve para reforzar la bóveda de cañón, según consta en una dovela. El coro se construyó posteriormente, estaba realizado en madera y con piso de losas de barro, se encontraba al final de la iglesia y fue destruido durante la “reforma” de finales de los 60, más tarde se abrió la puerta por donde hoy salen las imágenes de las procesiones.
 
 

 
Durante la guerra de la Independencia fue convertida en fuerte, en 1846 se encontraba tan destruida que el culto se celebraba en el Palacio de Villena. De nuevo en 1891 aparece restaurada para de nuevo volver a estar medio derruida en 1924.

Durante la guerra civil desaparecieron imágenes, los lienzos atribuidos a Domínguez y la capilla del Cristo de la Salud. Fue de nuevo restaurada a mediados de los 50 y ya en 1966 desapareció el altar mayor con sus escaleras y barandillas, las pinturas, el coro, algunas tumbas, y  los antiguos bancos.


 



Zorro Corredero
Fotos: Archivo Fotográfico Pedro Alfonso

martes, 21 de mayo de 2013

Camino de Santiago Los Arcos-Viana-Logroño ( 2ª Parte)

Camino de Santiago.  Los Arcos-Viana ( Navarra) - Logroño ( La Rioja ) 29 Kms.
 
 
La lluvia y más cosas nos han ayudado a decidir quedarnos a pasar la noche en Viana. Una vez acomodados en la pensión San Pedro situada en la calle Medio de San Pedro, en pleno casco antiguo de Viana y cerca de la zona monumental, damos un paseo para visitar los monumentos más destacados de Viana.


                      Iglesia de Santa María. Viana
 

La iglesia de Santa María es de estilo gótico-renacentista, fue construida en tre los siglos XIII y XIV, con posteriores ampliaciones en el XVI y XVIII,  su portada es una de las más monumentales del renacimiento español.
 
 
                             Portada de Santa María. Viana


    Detalle portada
 

Viana es una ciudad de unos 4000 habitantes, situada en plena Ruta Jacobea, es la última población de Navarra y frontera en el Camino de Santiago con La Rioja.

Rica en gastronomía y grandes vinos, su muralla protege grandes casas solariegas, iglesias y palacios de los siglos XVI y XVII, época de su máximo esplendor.

 
                            Retablo de Santa María. Viana


    Interior de la Iglesia de Santa María. Viana
 
    Ruinas iglesia de San Pedro. Viana
 

Imagen de Santiago en la iglesia de Santa María de Viana

    Interior iglesia de Santa María. Viana

   Santa María. Viana

  
Después de un recorrido monumental por las calles de Viana, nos despedimos de la noche en esta bella ciudad Navarra cuna de príncipes y reyes. Una potente cena entre risas y bromas de los peregrinos, nos devuelve las fuerzas perdidas y nos ayuda a saciar nuestra hambre y sed de vino.
La cama, relajante diario paro los cansados peregrinos nos ayudara a recuperar la forma corporal necesaria para enfrentarnos al Camino. Hasta mañana.



    Cena en la pensión San Pedro




Amanece un nuevo día en Viana, las calles siguen mojadas y la lluvia no ha dejado de caer durante toda la noche. Es lo que hay y no queda más remedio que ponerse en marcha. Bordeamos las ruinas de la iglesia de San Pedro y abandonamos esta histórica ciudad camino de Logroño



Una última foto del grupo junto a la muralla y de nuevo nos ponemos en marcha. De Viana a Logroño hay sólo 8 kilómetros, quiere esto decir que hoy será un día tranquilo y de descanso para estos humildes peregrinos. El recorrido está lleno de campos con olivos, cereales, almendros y por supuesto de viñas.





El camino es cómodo y la lluvia incesante, menos mal que hoy es corto el recorrido. Caminos embarrados y curiosas estampas se van sucediendo a medida que nos alejamos de Viana.
Unas botas dejadas por algún caminante nos sorprenden, por la imagen y todavía más por el motivo que le habrá hecho actuar así. Nunca lo sabremos, el Camino está lleno de incógnitas que no comprenderemos jamás pero que siempre tienen un por qué, es la situación de cada uno en cada momento, es lo diferente que puede llegar a ser dependiendo del día, del tiempo, del mismo peregrino, cada etapa del Camino de Santiago.




Atrás queda Navarra para recibirnos La Rioja, esa tierra de vino que siempre te acoge con amor y buenos tragos. Pero para llegar a su capital Logroño, aun habrá que cruzar llanuras sin árboles, de esas que tan poco gustan a los peregrinos en verano, hoy la cosa es diferente, y casi sin darnos cuenta llegaremos a orillas del Ebro.





El camino discurre por una pista asfaltada junto a la carretera, dejamos fabricas como la Papelera del Ebro, después atravesamos varios pasos subterráneos y tras una elevada pendiente el camino nos conducen hasta una pequeña colina desde donde podemos ya ver a los lejos la ciudad de Logroño.




Desde la colina y ya sin perder la vista de Logroño, comenzamos a descender entre viñas e higueras, las cuales si en esta época no nos sirven de mucho, si sacian en otras el apetito de los peregrinos. Prueba de ellos es la casa de Felisa que dejamos a la izquierda, donde en otros tiempos la propia Felisa obsequiaba a los caminantes con higos, agua y amor, sellando también las credenciales como prueba de haber pasado por aquí camino de Santiago. Hoy es su hija María la que ha tomado el relevo ya que la amable y buena Felisa, mujer llena de historias y anécdotas del Camino, falleció en el 2002.



Y por fin ante nosotros aparecen las torres de las iglesias de Logroño, esto se ha acabado por hoy. Cruzamos el puente del Ebro y por la adoquinada Rua Vieja nos dirigimos al centro de la ciudad hasta llegar a la Plaza del Marqués de Murrieta y su espectacular fuente, a un paso del hotel del mismo nombre donde pasaremos la noche.



    Una última foto en el punto de información del peregrino, justo antes de cruzar el río Ebro por     el  puente de piedra.  


    Puente de piedra sobre el río Ebro en Logroño.                                                           
                                                                                

Zorro Corredero
Fotos: Archivo Fotográfico Pedro Alfonso