Los pinares, los níscalos de Cadalso y los cadalseños.
El otoño es la época de coger níscalos, también llamados míscalos en Cadalso. Todo es satisfacción si nos decidimos a recolectar níscalos, porque el momento, el lugar, los acompañantes y ese aura que desprende Cadalso, nos producirá una serie de placeres que iremos descubriendo en cada rincón y en cada situación.
Los pinares cadalseños están bien conservados, son espacios donde la vida animal y vegetal sigue su curso desde hace siglos, siempre en estado de alerta por las amenazas que todos conocemos, la principal los incendios veraniegos que tantos estragos han producido y siguen ocasionando a nuestro pinares. Pero elijamos uno de los muchos pinares o pinarillas que rodean Cadalso, adentrémonos para comenzar a disfrutar.
Cualquiera de ellos es lugar placentero para el paseo, la observación y si además es época de setas, para la recolección de multitud de ellas que se crían cada año, más si las lluvias y el sol han estado presentes.
De todas las setas es sin lugar a dudas el níscalo el más común y fácil de reconocer. Desde siempre no hay cadalseño sin distinción de edad, que no sepa distinguir esta especie tan apreciada y abundante de nuestra floresta.
El Lactarius deliciosus es una seta de fácil identificación por su color anaranjado, presenta zonas más oscuras en las zonas concéntricas y en cuanto se roza o envejece se tiñe de verde.

Al principio es semiesférico pero a medida que crece se va extendiendo, suelen crecer en pequeños grupos, "ranchos" se les denomina en Cadalso, donde los encontramos de distintas medidas, intentando siempre dejar los más pequeños para otra ocasión.

Adentrase en el pinar es oler a campo, es dejarse envolver por olores como el que desprenden las jaras, el cantueso o el tomillo, es sentir que la vida fluye cada día. Escuchas al cuco que canta en un señorial y centenario pino, ves volar a los rabilargos ( en Cadalso rabilengos ) en grupo buscando comida, te detienes ante el ruido de una ardilla que vuela de pino en pino, y hasta puedes tener la suerte de quedarte paralizado ante la presencia de un zorro, o una garduña. Es sin más y desde hace tantos siglos, la vida de nuestros pinares, la atracción de su belleza y la sensación de sentirnos libres y salvajes.
En nuestro caminar encontramos otros personajes que al igual que nosotros se han sentido atraídos por la frescura del pinar, por la emoción de encontrar los apreciados níscalos.Y te paras, hablas con ellos, te cuentan su destreza para localizar esta o aquella seta, mientras el perro inquieto y a la vez salvaje, corre de un lado para otro, es feliz, está en su habitat y quiere jugar contigo.
El pie y las cánulas nos asombran, acaso hay algo más bello en un níscalo que esas cánulas o filamentos tan bien ordenados y tan perfectos? No, es algo digno de ver y de observar, como también lo puede ser el encuentro con otro personaje de la vida cadalseña, un experto buscador de níscalos qué sabe dónde y cuándo se deben buscar.
Pero no hace falta ser un experto para localizar níscalos, y la prueba la tenemos en otros personajes de la vida cadalseña que con poca experiencia en alguno y nula en otro, los encuentran grandes, buenos y jugosos. Aquí, donde el monte se enseñora entre las copas verdes de los pinos y el azul del cielo, unos sencillos humanos se dejan llevar por la pasión y el regocijo de la búsqueda de unos níscalos, a veces más por el momento que por la seta, más por el placer de su rastreo que por la posterior degustación.


Las manos, una navaja y la vista es todo lo que se necesita, también la compañía de otros amigos que gritan ante el descubrimiento de un rancho, de paisanos que se cruzan en las sombras del elevado pinar, que miran y preguntan o responden, porque aquí si es verdad que todo es de todos.
Una mirada a los níscalos recién cortados donde destaca la perfecta circunferencia de unos de ellos, las lomas que juegan con un horizonte que esconde rincones placenteros de nuestra tierra, lugares acogedores donde la vida y el trabajo siempre han estado unidos desde los tiempos. Desde aquí, asentados en el Risco del Grajal, con la Garganta del Boquerón a nuestros pies, más allá las tierras bañadas por el Tórtolas, a la izquierda Peña Halcón y a nuestra derecha mirando a lo lejos la Granjilla y la Aguenfría, uno se siente libre, inmenso, placentero.
Lo que empezó como un paseo, se ha convertido en búsqueda de níscalos y ha terminado en observación de nuestro paisaje, por qué acaso debemos dejar unas cosas si podemos hacer todas a la vez. En estos espacios se puede disfrutar del vuelo del buitre leonado, del salto de la ardilla ( Jarda ), de la carrera de la lagartija, de los níscalos y por supuesto de los paisajes que se pierden en el infinito.
Si a todo esto le añadimos una buena compañía y los encuentros casuales que el pinar nos puede deparar, habremos pasado un grato espacio de tiempo disfrutado de lo más cercano, de lo nuestro y de Cadalso.
Y para terminar esta foto donde podemos ver las cientos de esporas que esconden las cánulas, las cuales al desprenderse y caer en la tierra volverán un año más tarde a brotar formando estos grandes y exquisitos níscalos.
Zorro Corredero
Fotos: Archivo Fotográfico Pedro Alfonso















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