Museo de Montaña Zorro Corredero

Museo de Montaña Zorro Corredero
Museo de Montaña Zorro Corredero

Pto. de la Quesera Pico de la Buitrera. Sierra de Ayllón.

Pto. de la Quesera Pico de la Buitrera. Sierra de Ayllón.
Pto. de la Quesera Pico de la Buitrera. Sierra de Ayllón.

jueves, 4 de abril de 2013

Peinar ángeles. Miguel Moreno



                                                          PEINAR ÁNGELES

Dedicado a todos nuestros paisanos que se han ido, porque con cada uno de ellos también se marchó un poco de nuestra vida. Quizá ese poco sea el más amoroso de nuestras existencias.



 
En ocasiones encuentro que la esencia de la vida se puede descubrir en las cosas pequeñas. Una vez leí un libro que se titulaba de esa forma tan preciosa: “Lo pequeño es hermoso” (E.F. Schumacher). Te cuento algo pequeño y entrañable que relaciono con esto último. En Argelia tuvimos un embajador muy prepotente que luego escaló muy alto en la política, no en los sentimientos (no confundir); su nombre no viene al caso pero tú seguro que has oído hablar de él. Teníamos una compañera singular, alguien sublime que constantemente te ofrecía motivos para esperar algo deslumbrante y diferente que te llenaba de vida. Únicamente le encontraba semejanza con Jose “Chorlo”, persona genial e irrepetible por sus valores humanos. Al embajador no le caía nada bien, eran la antítesis el uno de la otra. Una mañana primaveral soleada -lo recuerdo perfectamente- estábamos en su antedespacho esta chica, otra compañera y yo. El embajador irrumpió hecho un basilisco reprendiéndola porque según él había tenido un error grave. “¡¡¡¿…Y usted, qué titulación tiene, qué es lo que ha hecho para trabajar aquí!!!?” Ella, sin descomponerse un ápice, sin inmutarse lo más mínimo, con suma naturalidad y gallardía, le respondió con refinada e irónica educación: “-¿Yo? …En la otra vida quiero peinar ángeles”. Y salió cantando bajito un bolero (Espérame en el cielo…) dejando tras de sí una suave estela de delicada admiración. Te puedes imaginar como se quedó aquel estúpido, maleducado y engreído energúmeno y nuestra indisimulada y jocosa satisfacción interior.
 

 
Años después, de vuelta al trabajo en Madrid, la encontré –como una aparición largamente deseada- en el pasillo que comunica los dos edificios del Ministerio. Apareció ante mí demacrada, triste, indefensa, con su mirada enamorada perdida y caminando con dificultad intentando mantener su porte elegante y distinguido. Pero lamentablemente la prestancia de ayer hoy era abatimiento y derrota. Nos reconocimos con gran sorpresa y alegría: “-¡Hola, Miguel!”. Y casi no la oía… “-He venido a arreglar unos papeles. Estoy de baja”. Y su voz entrecortada sólo era un hilo de cariño difuminándose, como una bella melodía inacabada… No sé cómo explicarlo, pero de repente percibí como si mi corazón se cayera roto, hecho pedazos luminosos contra el parquet. “-Me alegro de verte”, le dije, entre la satisfacción por el reencuentro y la desolación por su estado. Aún tengo metida la sonrisa que me dedicó, sincera, delicada y pequeña, en algún lugar que no acabo de identificar. Era azul celeste, mágica, como la del cielo de Cadalso en septiembre. Con la palma de mi mano derecha acaricié su melena a la altura de su mejilla izquierda sobrecogido y con una ternura infinita. Ella, turbada, desbaratada por la emoción, bajó amorosamente su cabeza. Nunca más volví a acariciar su pelo sedoso, ni oír su aterciopelada voz, ni ya jamás observaría su sonrisa que parecía que te echaba los brazos al cuello.
 

No hubo ninguna sorpresa cuando jornadas después leí una nota pegada por diversos lugares del Ministerio. Anunciaba que su funeral -no asistí, estaba invadido por la pena- tendría lugar en tal sitio y a tal hora… De súbito (me ocurrió igual cuando murió mi padre) noté que se deslizaban por mis mejillas una avalancha de gruesos lagrimones salados. Azorado corrí al baño. Me lavé desmadejado y dije para mí interrogando desconsolado al espejo: ¿Qué sentirá ahora cuando peine el cabello de los ángeles? ¿Será su pelo tan sedoso como el suyo? La fascinación de su ejemplo y su recuerdo continuarán para siempre conmigo. Llueve afuera con fuerza melancólica y pasa deprisa la gente. Estamos rodeados de milagros y de ángeles humanos y no queremos verlos… ¿Qué nos pasa?

Miguel MORENO GONZÁLEZ
Fotos: Archivo Fotográfico Pedro Alfonso

miércoles, 3 de abril de 2013

Cata de vinos del Alberche en Aldea del Fresno


Cerro Casillas, sensaciones en solitario.



Es casi primavera, el día amanece totalmente despejado, pienso, vuelvo a pensar, sí…parece que lo voy a hacer, me levanto y decido subir al Cerro Casillas.
Esta cima integrada dentro del Macizo Oriental de Gredos, es la que podemos ver desde cualquier lugar de Cadalso. La cumbre pertenece a Madrid ya que está dentro de una cuña que se adentra entre los términos de Casillas y El Tiemblo, ambos de Ávila, pero su cumbre se encuentra en tierras de Rozas de Puerto Real, siendo esta la montaña más elevada de Gredos en la Comunidad de Madrid.




Intento subir hasta el Puerto de Casillas siguiendo unas rodadas en la nieve, pero llega un momento en que la nieve está muy dura y las rodadas desaparecen, por lo cual decido dejar el coche y continuar a pie has el puerto.
Una vez en el puerto tomo el camino de la derecha, que me llevará en poco más de una hora, bueno casi dos con las paradas para hacer fotos, hasta lo más alto.





Nadie encuentro en todo el recorrido, excepto dos personas que veo a lo lejos, y con los que  nunca llego a contactar. A medida que voy ascendiendo el paisaje se hace más interesante, las cumbres del Macizo Oriental de Gredos, aparecen ante mi con bastante nieve, entre todas destaca el Cabezo de Mijares que con sus 2188 mts. es la cumbre más alta de este macizo montañoso.





También gracias al despejado día, las cumbres del Guadarrama aparecen ante mí y ya no dejaran de acompañarme en todo el recorrido hasta los 1770 mts de la cumbre del Cerro de Casillas.




Sólo el ruido de mis pisadas y algún canto de los pájaros me acompañan en mi caminar, todo es silencio y las imágenes de estas estampas donde contrasta el intenso cielo azul con el blanco de la nieve, se graban en mi retina y se internan dentro de mi, que grandeza esta de las montañas, que paz te proporcionan y que sentimientos afloran en cada paso y en cada respiración entrecortada por el esfuerzo.




Los retamas afloran entre la nieve, y es a veces algo cansado por las muchas ocasiones que la nieve cede y me hundo en ella por el hueco que estas retamas hacen. Pero también las primeras flores de la primavera ya cercana comienza a brotar y algunas como estas Colchicum autumnale o azafrán silvestre que igual crece en primavera que en otoño, intenta salir a través de la nieve, cosa que consigue como se puede apreciar




 
De repente el ruido de un helicóptero me saca de mis pensamientos y me devuelve a este bello y salvaje lugar, al fondo, casi rozando los pinos del puerto, el aparato hace un vuelo de reconocimiento y continúa con su ensordecedor ruido hacia el fondo del Valle del Tiétar.



Sólo un esfuerzo más y la cumbre me reportará la satisfacción de la conquista y de la superación, abajo han quedado las cumbres de Cabeza la Parra, la Encinilla y el Llano de Cuatro Manos, cumbres cercanas a El Tiemblo, mientras en la lejanía el Guadarrama parece insignificante, y un poco más a la derecha la cercana cumbre del Cerro Guisando y la Garganta de la Yedra me dan la bienvenida.




Ya asoma la cumbre con su vértice geodésico, ya nada hay más arriba, sólo el cielo y el impresionante paisaje que me proporciona esta humilde montaña. Es el momento de ver y recordar a todas las personas que tantas veces me han acompañado hasta aquí, es dejarse llevar por la pasión de la montaña, pasión que igual se puede sentir en una gran montaña como en esta de poca altitud.




Recorro con la vista las cumbres más altas del Macizo Oriental de Gredos, La Escusa, Lanchamala, Gamonosa, Cabezo, Miravalles y Torozo que pene fin a este macizo cerca del Pto. del Pico. Y más allá las alpinas y elevadas cumbres del Macizo central con el impresionante Almanzor, máxima altitud con sus 2592 mts, altivo a pesar de la distancia.





Abajo queda el Pozo de la Nieve, lugar de tantas noches pasadas en los vivacs de las estrellas, de charlas en el calor de las llamas junto a la chimenea del refugio, de partidas de nintendo bajo la luz de los frontales, de tortillas y croquetas compartidas y de tantos amigos y tantos recuerdos.




Y en la cumbre sólo la soledad, la satisfacción y la alegría de haber llegado hasta aquí una vez más, esta en solitario, forma que a veces te ayuda tanto a saber más de tí y a pensar más en los tuyos y en lo que te rodea.




Unos bocados de cualquier cosa, un trago de la fuente que brota más abajo, una última vista a la Escusa, que casi se toca con las manos, y al Cabezo que inmaculadamente blanco me ha acompañado durante todo el rato, es el preludio de esta gozada cumbre.

Luego vendrá el descenso hasta el puerto, la llegada al coche, atravesar casillas y llegar a Cadalso un poco cansado pero lleno de grandes sensaciones, que se repiten en mí cada vez que asciendo a esta cumbre del Cerro Casillas, la cumbre del fondo de Cadalso.



Zorro Corredero
Fotos: Archivo Fotográfico Pedro Alfonso

A la primavera. José Cadalso

                                                                 
      Primavera en el Bosque. Navahondilla


A LA PRIMAVERA

 
No basta que en su cueva se encadene
el uno y otro proceloso viento,
ni que Neptuno mande a su elemento
con el tridente azul que se serene;

ni que Amaltea el fértil campo llene
de fruta y flor, ni que con nuevo aliento
al eco den las aves dulce acento,
ni que el arroyo desatado suene.

En vano anuncias, verde primavera,
tu vuelta de los hombres deseada,
triunfante del invierno triste y frío.

Muerta Filis, el orbe nada espera,
sino niebla espantosa, noche helada,
sombras y susto como el pecho mío.
 
Poema de José Cadalso
Fotos: Archivo Fotográfico Pedro Alfonso
 


lunes, 1 de abril de 2013

Procesión de las Capas Pardas. Hermandad Penitencial del Santísimo Cristo del Amparo. Zamora


               
          La Procesión de la Hermandad Penitencial del Santísimo Cristo del Amparo ( Zamora )



Esta procesión se viene celebrando desde 1956, año en que fue fundada la Hermandad, conocida popularmente como la procesión de las Capas Pardas, es esta una procesión totalmente diferente a las que se realizan tanto en Zamora como en el resto de ciudades de España.

 


 
La procesión comienza en la iglesia de San Claudio, situada en el margen derecho del Duero, en la que destacan sus sillares románicos y donde se alberga la imagen del Cristo del Amparo.
 
Miércoles Santo, las calles de Zamora comienzan a llenarse de gentes que se sitúan a los lados para esperar el paso, cada vez más gente va inundando las aceras y rincones de esta bella ciudad, son las doce y el nerviosismo se apodera del lugar. Es la hora del comienzo de la procesión, pero en el lugar donde yo me encuentro, al otro lado del Duero y justo por encima del Puente de Piedra, todavía nos queda mucho tiempo para que podamos ver a los primeros cofrades, tal vez horas.

 



 
Pero afortunadamente el tiempo pasa deprisa, tal vez por las ganas de ver y sentir esta entrañable y sobrecogedora procesión. Los primeros cofrades aparecen calle debajo de donde me encuentro, silenciosos en la oscuridad de la noche, su imagen es realmente lúgubre, el silencio se hace patente y una especie de recogimiento interior se produce al paso de las oscuras capas y del balanceo de los faroles que portan los hermanos, todo ello solamente roto por el sonido de la tuba y el repicotear de las matracas, sin lugar a dudas es un momento único y enigmático el que se vive durante esta procesión de la Semana Santa de Zamora.

 





Otros años apagan todas las luces al paso de la procesión, este año no fue así, pero si de esta manera me impresionó, no digamos como debe vivirse y sentirse solamente con la iluminación de los faroles.
 
La procesión sólo porta un paso, la imagen del Cristo del Amparo, un crucificado anónimo del siglo XVII.

 



 
Las capas que cubren los cuerpos de los hermanos son alistanas, de la región zamorana de Aliste, de color pardo, los faroles de hierro forjado con una vela en su interior son portados como única iluminación por los hermanos cofrades, cuyas profesiones  he podido saber por una publicación que dice así: “Capas alistanas cubriendo cuerpos de abogados, ingenieros, funcionarios, periodistas, no hay pastores de Aliste en la media noche del Miércoles Santo”

 


 
Durante la procesión los hermanos desfilan en forma de cruz latina y es ya al final cuando aparece el Cristo del Amparo, momento de gran emoción donde la gente respeta con su silencio el paso de la imagen que es trasportada por varios hermanos.
 
La Procesión del Santísimo Cristo del Amparo es una de las más características y a la vez diferente de las muchas y bellas procesiones de Zamora y yo que ha sido la primera vez que he asistido puedo afirmar que es cierto.




La procesión llega a su fin, al fondo observo como desciende para cruzar el Puente de Piedra camino de la plaza de San Claudio de Olivares, donde antes de introducir al Cristo en la iglesia, los hermanos cofrades entonarán el Miserere Castellano, lástima que no pueda asistir, pero otra vez será, porque prometo que regresaré a estas tierras castellanas para volver a sentir en lo más profundo de mi alma la pasión que aquí se vive en la Semana Santa.

 



 
Mi agradecimiento a mis amigos Manolo y Chari, y toda su familia zamorana de Mámoles de Sayago, sin ellos yo nunca hubiera experimentado estas sensaciones que tanto me han llenado en estos días, sensaciones producidas por el cariño de ellos y de las tradiciones de esta tierra zamorana que tanto aman y que desde ahora yo también amaré y llevaré en mi corazón, muchas gracias.

 
Zorro Corredero
Fotos: Archivo Fotográfico Pedro Alfonso
 

Luces de Cadalso



La iglesia de Cadalso recibe los últimos rayos de un sol que ya comienza a ocultarse por el oeste, los colores inundan el lugar y la mirada se concentra en esas centenarias piedras que forman el templo. En unos minutos todo se habrá difuminado como una sombra invernal entre el frío y las últimas luces, entonces todo será un vacío de luz y color, donde la noche volverá a ser la frontera del nuevo día.

Zorro Corredero
Fotos: Archivo fotográfico Pedro Alfonso
 

miércoles, 27 de marzo de 2013

Piedra y agua, refugio y vida de otro Cadalso


El agua fresca de la noria y esos dos botes, curtidos por años, nos incitan a beber.


Durante muchos años el campo y las viñas fueron el lugar alrededor del cual giraba la vida y el día a día de los cadalseños. Los hombres se dedicaban casi por completo a trabajar las viñas, los huertos, y todo lo que rodeaba estos lugares. Hoy, años después las viñas agonizan, pero siguen siendo el referente y las imágenes que todavía nos quedan de aquellos esforzados años.
No es difícil observar estas antiguas construcciones, admirar la belleza de su sencillez, la facilidad de su tosca construcción y los extraordinarios resultados que a día de hoy y con sólo un vistazo podemos comprobar. Es sencillo, todo se hacía con sentido común, sin apenas herramientas ni maquinas que aliviaran el trabajo, pero con una inteligencia adquirida de padres a hijos y con la seguridad de tener que realizar una obra que sirviera para siempre, cosa que sobradamente consiguieron.


Sólo un tronco viejo queda del tejado, las paredes aún aguantan el paso de los años de abandono, y ese puchero que tanta hambre sació permanece inerte ante el paso del tiempo.


Casas de piedra aprovechando los elementos naturales de la zona, situadas en lugares estratégicos que sirvieran para resguardarse de los fríos del invierno y de las tormentas primaverales, norias y pozos recubiertos con piedras una vez excavados a mano hasta llegar al manantial, paredes de contención realizadas piedra a piedra y hábilmente colocadas sin ningún tipo de argamasa, conducciones de agua para salvar la viña de posibles inundaciones o encharcamientos, son algunas de las obras que aquellos hombres y mujeres de Cadalso realizaron y nos legaron para siempre.

 

 
Es una pena que muchas veces no sepamos admirar estas obras y por desidia se vayan abandonando, pero parece que es lo que hoy toca y no se puede evitar. No obstante, si podemos todavía admirar muchas de ellas y de alguna forma, dar las gracias a todos los que fueron capaces de dejarnos este legado en forma de arte natural y piedra.

Hoy, cuando se descubre algún poblado o vestigio de otras civilizaciones, todo el mundo se admira, debe ser  que debemos dejar perder lo que todavía hoy es recuperable para que pasados unos cientos de años, alguien lo encuentre medio enterrado y la gente alucine con esta casa, noria o lo que sea. Pues digo yo, si hoy es recuperable por qué lo dejamos abandonar para luego recuperarlo cuando ya sólo queden restos.

 
 
 
Así nos pasó con el Camposanto Viejo, que a pesar de intuir que aquello estaba desapareciendo nadie hizo nada, hoy tenemos las Cuevas del Pilar y el Molino del arroyo del Molinillo, ahí están y nada de nada por parte de nadie, seguramente estarán esperando a que desaparezca casi todo para luego desenterrar las cuatro piedras que hayan quedado y seguidamente abrir los yacimientos arqueológicos de estos lugares.




Si aún estamos a tiempo, por qué dejar que el tiempo nos quite lo que todavía los siglos nos han dejado?


Piedra a piedra, brazo con brazo, el duro trabajo dio su resultado, sólo hace falta observar esta perfecta canalización para sentir la belleza y el arte de los artistas cadalseños de ayer.


Y digo yo, por qué no se forma un grupo de voluntarios dirigidos y apoyados por el Ayuntamiento, para recuperar las cuevas y el molino? Seguramente no sea posible, estas cosas dependen de Patrimonio y no merezca la pena restaurar, que cosas, es mejor dejar que desaparezca y luego asignar una enorme partida de euros para que un grupo de arqueólogos venga y lo descubra…. lo descubran?   Si, lo descubran y le pongan un nombre mono con lo de yacimiento delante, para que este o aquel se lleve los honores.




Que pena, que rabia y que ganas de tirar por la calle del medio….o no?



 
Zorro Corredero
Fotos: Archivo Fotográfico Pedro Alfonso
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