La Soledad...
Hoy escribo con el corazón encogido por la ausencia de Vidal Fermosell, un corucho culto, enamorado de su gente y de su pueblo. En sus fotos nos regalaba la dignidad de lo cotidiano, la luz de su barrio madrileño y la memoria viva de Cenicientos, siempre con Cadalso latiendo cerca. Hacía algunas semanas que no me escribía y por su silencio noté que algo pasaba, hoy me he enterado que ha fallecido y he sentido una gran pena. Vidal vivió dando, escuchando, soñando despierto y sosteniendo a los demás con una palabra justa. Amigo, deseo que tu nueva "vida" conserve ese impulso inquieto y generoso. Quedas en mi corazón y en el Zorro Corredero, como promesa de recuerdo fiel, para que tu nombre siga caminando siempre entre nosotros, con gratitud, respeto y memoria.




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