San Antón 2010

San Antón 2010
Recordando la fiesta de las sanantoneras de 2010

Vidrios de Cadalso

Vidrios de Cadalso
La producción de los hornos de Cadalso tiene éxito en origen por la simplicidad de la decoración y de las formas. Muchas de éstas son tradicionales, y fueron anteriormente usadas por la orfebrería. Más tarde durante los siglos XVI al XVII se ven influidas por las venecianas.......

martes, 22 de enero de 2013

Cita con la vida





Y digo yo: ¿Qué nos impide alegar una cita ineludible con la vida, unas décimas de calentura o una visita al notario? Como cuando éramos chavales, volver a sentir el placer de hacer novillos y largarnos de la oficina, de la fábrica, del tajo o del taller con el gesto compungido para relajarlo a la vuelta de la esquina. Nadie nos ha visto sonreír por dentro, nadie va a enterarse de que abandonamos la dichosa y agobiante monotonía madrileña para emprender el camino hacia el libre y encantador misterio cadalseño.


 
La carretera está poco transitada y, de tramo en tramo, los brazos de las acacias forman túneles con los que bromea feliz el sol. Llegaron las primeras nieves y, en la distancia, de frente, se funden los blancos de las cumbres con las caprichosas y juguetonas formas de las nubes; remonta el vuelo una bandada de pícaros gorriones y una ráfaga de aire levanta las ligeras hojas de los chopos que están alineados a ambos lados del arroyo, por debajo se dibujan cristalinas sus aguas por arriba se pinta de amarillo su anhelo.
Huele a frío en Cadalso, huele a limpio y a paz; frágiles carámbanos, que en mi niñez helaron mi cuerpo y hoy hielan mi alma, cuelgan de los tejados que están en la umbría de la calle San Antón; niños sonrientes que van de la mano y con “baby” azul, cruzan raudos la Corredera hacia mi niñez; hay claveles dispersos sobre la tumba del amigo en el desolado cementerio que está más habitado que este desconsolado pueblo; asoma una rosa roja, huérfana y solitaria, por la verja de un jardín abandonado a su suerte cuando acabó el verano. Caminamos al reencuentro del abrazo invernal entre la humilde retama destronada y el altanero pino coronado por un enorme nido de milanos; se han cubierto las laderas de un terciopelo pardusco y, al atardecer, el cielo se columpia del crepúsculo adornándolo con trinos de jilgueros que enredan entre una brisa suave que choca contra nuestros rostros. Un silencio doliente nos conmueve, acompañan nuestros pasos el crujido de la hojarasca y el chapoteo de los charcos dejados por las últimas lluvias, son como cristales diseminados que sin querer se clavan en nuestros pies; la piedra acoge el brillo verde del musgo que husmea una oveja a la que curó sus llorosos ojos Pablo, pastor que se emociona al recordar aquel día que vivimos juntos en “El Venero” ya hace muchos años, cuando nuestra ilusión aún estaba intacta e inmarchitable.

 
 
Duele admitir que los días sean un tumulto de ruidos y máquinas, que estemos dominados por el dinero, la prisa e Internet. Pero me asombra que baste una hora para olvidar la aspereza y la miseria de las calles atestadas, el alarido de las sirenas que nos sobrecogen, el aullar del móvil que nos custodia y el mando a distancia que nos mediatiza. Aquí no hay finos e hipócritas modales, ni publicidad que nos recuerde la obligación de consumir desaforadamente, aquí el tiempo deambula sin que nadie le ordene y se percibe no como rigor sino como un regalo. Un premio inesperado, sentimental e inolvidable. Un obsequio que cada cual, sin mediar palabra, tiene el privilegio de poderse conceder. Al menos, mientras viva la Naturaleza y la respetemos para quererla y... querernos.
 
 
Miguel Moreno González
 
Fotos: Archivo Fotográfico Pedro Alfonso
 

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Como siempre muy emotivo e íntimo.

Gracias Miguel y Pedro

Anónimo dijo...

Como siempre, Miguel, vibrante, elocuente, bello, muy bello, un respiro en nuestra monotonía madrileña, un vial e literario a ese sitio que queremos, a ese, cantaría el malogrado Antonio Vega, "Sitio de mi recreo", meta añorada de todos los "cadaseños errantes.
Un abrazo. Balta

Anónimo dijo...

¡¡Qué bonito y que verdad, una vez más y como tú bien sabes describir, como dice el dicho ¡¡Un brindis por esa persona que sólo con sus palabras te hace alegre la vida!!
Un abrazo
Montse