Raquetas

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Esperando que la nieve vuelva, ya queda menos.

Majalcobo

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viernes, 25 de mayo de 2012

Atardecer sobre Lancharrasa (I)




Una silueta, la de la Sierra de Lancharrasa y los colores de cualquier atardecer, componen una imagen de entrañable belleza, son lugares y situaciones que se repiten cada día de cada año, de cada vida, pero que nos incitan a la contemplación y al sosiego de las tardes cadalseñas.
 

Son unos minutos donde el crepúsculo nos invade con esa luz que siempre acompaña al anochecer, creando un aire de misterio al ambiente que la mayoría de las veces pasa desapercibido por la monotonía diaria de la vista, tan acostumbrada a esta imagen que apenas notamos su breve presencia.



Hay que mirar, observar y dejarse llevar de vez en cuando por los atardeceres que la vida nos proporciona, unos días más hermosos que otros, pero siempre nuestros, de nuestra vida y de nuestro caminar diario por Cadalso o por donde sea.


Observar esas pequeñas masas de vapor suspendidas en el aire, estratos, nimbos, cirros, cúmulos o simplemente nubarrones que es más nuestro, todos forman casi a diario el impresionante cuadro de colores naturales que el cielo nos entrega para dejarnos atrapar por ese conjuro que siempre ha tenido y que  ha hechizado de forma encantadora a través de los siglos al ser humano. Se puede estar sin mirar al cielo?…creo que no.

Fotos: Archivo Fotográfico Pedro Alfonso

3 comentarios:

Chedor dijo...

Preciosas fotos, como siempre, Pedro.
Yo también creo que el ser humano no podrá dejar nunca de mirar al cielo, unas veces para rogar, pero la mayoría de ellas, para contemplar la belleza cambiante que nos proprociona, de día, nuestra increíble y única atmósfera y, de noche, los innumerables astros del universo (aunque con la contaminación lumínica de nuestros días esto último es casi un imposible).

Pedro Alfonso dijo...

Gracias Chedor por tus palabras. Y aunque es cierto eso de la contaminación lumínica, todavía las noches de Cadalso son espectacularmente maravillosas.


Un saludo.
Pedro

Anónimo dijo...

Preciosos atardeceres los que nos regalas.

Un abrazo.
Amigo