Monton de trigo

Cadalso Cristo

martes, 23 de noviembre de 2010

Otra historia de amor

Pedro: Todas estas emociones y recuerdos de Cadalso siempre los reivindicas en tu blog. Me apetecía rendir un homenaje personal a todos nuestros antepasados cadalseños con el recuerdo de mi abuela, lo plasmo en este escrito y en la fotografía que nos sacaron en casa de mi tía Francis el último día del Cristo que vivió ..

Un abrazo.

OTRA HISTORIA DE AMOR

Al caer la tarde pasaba por tu casa. Los atardeceres invernales transcurrían para ti y tía Gregoria en el brasero o ante la lumbre. Yo remedaba mi niñez tomando asiento junto a tu regazo en el banco de la cocina mientras oía el crepitar de los pucheros y meditaba en que la leña viene a consumirse lentamente, como la vida, (¡qué fraude la vida, abuela, qué fraude!). Los troncos apoyados en los morillos candentes caían con pereza, los recogías con las tenazas colocándolos ordenadamente al tiempo que, para avivar las llamas, les dabas aire con el fuelle hasta quedar convertidos en ascuas rojos fosforescentes que pasaban a ser pavesa, ceniza que si la removías te obsequiaba agradecida con las últimas pepitas centelleantes de calor. Recuerdo como los días de lluvia intensa se colaban por la chimenea gotas de agua que se estrellaban contra el fuego provocando un ruido semejante a cuando el herrero introduce un hierro al rojo en una pila de agua. Entonces evocabas historias mil veces repetidas, mil veces contadas, mil veces rememoradas de guerras, hambre, trabajo e hijos. Te escuchaba absorto mirando el "ascuarrir" y a mi pasado de niño enclenque al que protegía su abuela cubriéndole con el mandil. Me emocionaba cuando hablabas de un corazón, de un paisaje roto: Mi padre. Yo, entonces, preso de una euforia inexplicable, recordaba lo que pensaba de pequeño: yo sería alguien importante que resarciría a mi gente de tantas penas y miserias.



Abuela: Nos quisimos en silencio advirtiendo en derredor líos que no alcanzábamos a comprender muy bien, que se nos difuminaban ante nuestros sorprendidos ojos. Jamás me sentí querido por nadie como por ti. Cariño sincero, expresivo, desbordante, tierno... Cimentado unas veces en gestos y en unos pocos besos, otras en caricias sobre mi cara y el envés de mis manos, pero fundamentalmente sustentado en miradas sostenidas casi siempre de pie, distanciados dos o tres pasos, como intercambiándonos emocionados amor y miradas. Me parece que no quisiste a nadie como a mí. Es egoísmo de sentirse querido, orgullo de amor. Debo ser un anacrónico por sentir así en esta época, por pensar que el amor lo es todo, que nos envuelve con su capa embriagadora ofreciéndonos en sacrificio, por creer que inmola todo lo superfluo e innecesario al volcán de los propios sentimientos. El amor es la única libertad que poseemos y gracias a su influjo gira todo este tinglado que tenemos montado por estos lares. A cualquier edad te beneficia, te hace mejor, más humano. La muerte te arrebata su destinatario pero no el amor que le profesas, éste se hermosea con su recuerdo en la imaginación y así alcanza la eternidad en nuestra mente.

Quise hacerte un escrito y siempre me sale lo mismo: Cosas que le encasillan a uno a ojos de los demás y que resumen siempre con una frase: "¡Siempre está con lo mismo!". No te veo con mis ojos y echo de menos ese mundo de bondad y ternura. Ahora soy yo quien te protege en mi regazo. Descansa tranquila, yo me ocupo de lo demás...

Miguel MORENO GONZÁLEZ

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Te he mandado un correo haciendo alusión al relato que haces de tú abuela; pero yo llevo muchos años lejos del pueblo,que no me hago la idea de que falten las personas y alomejor tú abuela ya no vive´´ porque creo era mayor que mi madre.De todas formas,alli donde esten ,si es que ya no estan entre nosotros´´su recuerdo sigue vivo en nuestras vidas....saludos JUANY

Miguel Moreno González dijo...

Gracias Juany. No recibí tu correo.Supongo que Pedro me lo hará llegar o mandarte el mío...
Mi abuela murió hace años... pero no en mi vida.